Arbeloa, una tarde de otoño, las hojas de los arboles caen sobre la ventana de un hombre que con desconcierto mira hacía la calle y ve a una mujer llorar, él mira como ella se seca las lágrimas con su chaqueta, él se pregunta ¿qué le habrá pasado?, se empieza a imaginar una serie de películas tratando de hallar una respuesta coherente a lo que está sucediendo en la vida de esta mujer que sin ningún apuro sus lágrimas caen sobre las hojas secas que están entre sus pies.

Ese hombre de la ventana empieza a narrar en su mente la primera historia que más que una historia ficticia le empieza a dar vida a las hojas entre los pies de esa muchacha que sus lágrimas inundan sin cesar.

“si esas hojas hablaran, sabríamos el sabor de su dolor, tal vez un dolor amargo, una felicidad dulce, pero no creo que sean lágrimas de felicidad porque en su cara alcanzo a ver la tristeza de una mujer, como la tristeza de la pintura de Picasso (la mujer que llora) en donde se ve la tristeza de una cara fémina que por los colores y figuras trata de esconder. Como me gustaría tener la magia de Picasso y poder pintar siquiera en la cara de esa mujer una sonrisa, porque sus lágrimas cayendo y de fondo un atardecer que alegra a cualquier mente por más triste que este no combina, no combina con ese cielo despejado, no combina con la felicidad de las personas que caminan cogidos de la mano”.

El hombre de la ventana sigue pensando y pensando, pero una pregunta se cruza entre sus historias de mente lúcida y le entra la curiosidad de saber el nombre de ella. Atrás de su ventana él se encuentra en una sudadera, esqueleto, despelucado, con sus gafas y una taza de café bien caliente que él sopla para que en algún momento tenga su término perfecto y poder tomársela a gusto. Cuando le entra esta curiosidad de saber el nombre la chica se medió arregla se pone perfume y se decide ir a preguntarle el nombre a la muchacha de las lágrimas tristes que caen por la cara de la mujer más linda que él haya visto, empieza a bajar las escaleras del edificio donde vive, llega al frente de la banca donde la mujer está sentada, él se acorruca levanta su cara, ella lo mira con sus ojos claros en medio de lágrimas, ella lo abraza como si fuese un pariente muy cercano y le dice.

-Sé que me llevas mirando un buen tiempo por la ventana de tu apartamento, por qué lo haces, por qué viniste, te dio lastima, es la primera vez que miras a una mujer llorar-

* Solo quiero saber por qué estas llorando, por qué alguien como tu llora en medio de un atardecer tan hermoso como este, quien es capaz de hacerte entristecer*

– lloro porque cada vez que parpadeo veo como tu dibujas sin querer una sonrisa en mi rostro, porque veo que cada pincelazo que das lo das con el amor con que Vincent Van Gogh pinto noche estrellada. Como me gustaría no solo estar en tu imaginación-

Como un balde de agua fría se despertó el hombre de la ventana, se dirigió a esa puerta cristalina que hizo que ese sueño se volviera una realidad tangible, intento recrear ese momento en el que su mente le jugó una mala pasada y le hizo creer que estaba en su realidad, pero su realidad era más oscura, no había otoño, no había parejas de la mano por la calle, no había hojas secas, solo estaba él frente a esa ventana esperando caer en ese sueño en el que las lágrimas de una mujer eran capaces de partir en mil pedazos una hoja seca.

Autor: Jeffrey Velasco Cardona

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