Sabores de mi tierra

foto de: Julián Ramírez

La plaza de la perseverancia.

La calle más bella, para llegar a la plaza lo ideal es subir caminando por la calle 30 desde la séptima, veras una calle empinada que se hace llamar así ya que las casas están pintadas de colores fuertes, algunos murales y restaurantes que llegan a la esquina de la  carrera quinta donde se puede ver a lo lejos la plaza de la perseverancia, cruzar la calle ya se torna difícil pues el tráfico es imposible de esquivar, tan pronto subes los escalones para llegar a los parasoles del primer piso notas que está es específicamente de postres.

Llegué a la plaza y fue como vivir una experiencia extrasensorial mi vista y oído ya habían visitado este lugar, pues en videos de los insaciables, unos youtubers que empecé a conocer por sus experiencias culinarias, pude visitar este lugar a inicios de este año, sin siquiera haber ido allí.

Al entrar te das cuenta que la percepción de las plazas de mercado en este lugar parece algo herrada, en la parte trasera se encuentran sitios donde se vende plantas, frutas, alimentos de grano, harinas y carnes frías, la plaza en el interior del segundo piso presenta una plazoleta de comidas, en donde se encuentran gran variedad de restaurantes, sus precios varían desde 13.000 pesos el más barato que encontré hasta platos que cuestan 45.000 pesos.

Antes de llegar al local 20 caminamos por el lugar con un amigo que iba, Cristian es también fan de este lugar por los videos de YouTube, luego de caminar percibimos una mezcla de olores que no llevan a intentar jugar con el olfato intentando identificar el olor de cada cosa que se freía, cocinaba y servía en el lugar, luego de salir por una puerta automática de vidrio y caminar por la parte trasera de la plaza, noto que hay un salón de eventos.

Al volver a ingresar vemos a don Hernán dueño del local El primo, nos indica que lo más importante es tomar una mesa, pues este lugar es muy transcurrido, a decir verdad ir a este sitio sin siquiera probar un poco de sus cocinas es como nunca haber estado allí, tan pronto nos sentamos nos ofrece una variedad de comida, que iba desde ajiaco hasta mondongo, pero de estos platos destacan dos, huesitos de marrano y cocido boyacense, Cristian nunca lo había probado, en cambio mi familia paterna, es cundiboyacense y desde pequeño me enseñaron a comerlo, con el tiempo hasta aprendes a prepararlo.

El reto.

Tan pronto llegaron los platos a la mesa, nos dimos cuenta que los huesitos traían sopa, el cocido no, pues la proporción es bastante, pero aun así no me quede con las ganas de probar la sopa, así que me tome medio plato y el otro medio mi amigo, era un consomé de pescado, espeso, aunque no tanto, era un balance perfecto, no llegabas a notar las espinas sino hasta el final del plato, pero tenía un reto mucho mayor, el cocido, una montaña perfecta entre carne de cerdo, cubios, ibias, habas, arveja, papa, mazorca y guiso.

Tan pronto empecé a comer note las habas, de pequeño mi abuela solía prepararlas de una forma que no me gustaba y con el tiempo me hastié de ellas, llegaron a ser repugnantes, pero a lo largo de los años llegué a probarlas nuevamente, en una salsa de champiñones que preparaban en mi antiguo empleo y hasta en cremas, pero, desde entonces no las había probado directamente, con su sabor natural, aunque aún me daban un poco de desconfianza note que en realidad estaban deliciosas.

Los bocados continuaron, hasta llegar a la mitad, punto en donde esos sabores que se encontraban en mi boca se pausaron para probar los huesitos de marrano, la carne era tan perfecta en cocción que salía solo con rasparla del hueso con una cuchara, y esa mezcla con el guiso era espectacular, la carne de cerdo suele llenar bastante y mezclado con estos ingredientes llega a ser difícil terminar un plato, cosa que le pasó a mi compañero, tan pronto termine los huesito, mes esperaba aún una gran cantidad de cocido y los retos se cumplen, más aún cuando son este tipo de delicia de retos.

Note que con la comida el tiempo se hace más corto, entre risas, fotos y charlas las 2:40 llegaron a ser las 4:35 y aun me faltaba una buena porción de comida, me acomode y continúe con este reto, don Hernán pensó en retirar el plato, pero le dije que no, que yo podía, con una sonrisa en la cara me dice que si me había propuesto un reto y si algo así, era un reto conmigo mismo, con mi ego, la idea de llegar a hacerlo se tornó cada vez más posible, tan pronto acabe, nos paramos de la mesa, al llegar a don Hernán me dice, ¿Que, sí pudo?  tan pronto ve el plato dice, “es de buen comer el chino”.

En una pequeña charla, luego de pagar, don Hernán nos cuenta que con el restaurante lleva ocho años, pues antes tenía un local de comidas rápidas, la plaza tiene más de cincuenta y que desde hace unos meses esta se viralizó por redes sociales, empezó a ser reconocida, por su cocina colombiana.

Foto de: Julián Ramírez

Fin del plato

En esta plaza circulan más turistas a diario, que personas que residen Bogotá, las familias de turistas se aglomeran por tomar un puesto para poder probar esta comida, mientras los Bogotanos se aglomeran por entrar a un restaurante de comida oriental que queda al final de la calle 30, los precios en comparación suelen ser absurdos e irrisorios con lo que consigues un plato en la plaza y llega a sobrarte para el postre, claro eso sí aún espacio, luego de un plato de estos o también puedes pedir un plástico para llevar lo que te quede, aparte tiene parqueadero.

Al inicio pensé que este trabajo de campo sería por una nota simplemente, pero cuando llegué aquí me di cuenta que luego de ese video, las ganas de ir eran por amor a la comida, la percepción visual te atrae a tal punto que quieres ver si lo que te muestran las imágenes es realmente así o no, tan pronto te sirven el primer plato notas que siempre te hizo falta algo, el olfato es la esencia de todo y sin llegar a probar ya sabes que el sabor es perfecto.

Luego de esta experiencia de sabores solo queda por decir que estamos dejando de dar valor a la comida colombiana, 15.000 pesos por un plato típico que tiene un valor muy cómodo teniendo en cuenta que la cantidad de comida es bastante, allí pasarás una experiencia gastronómica por las diferentes regiones de Colombia con tan solo dar unos pasos y cruzar a un nuevo restaurante, entre las opciones se encuentra, frijolada, arroz con camarones, sierra en salsa, huesitos de marrano, mondongo entre otros, ir a la plaza de la perseverancia sin probar alguno de estos platos es como si no hubieras ido, además luego del primero el propósito de probar los demás es nato de las papilas gustativas.

Una buena iniciativa fue lo que hicieron en vibra con Toño y David, la creación de este canal empezó a fomentar la cercanía con restaurantes que preservan la esencia de una buena comida a bajo costo, sus ideas van desde comidas colombianas, hasta comida chatarra y extranjera, generan contenido para todos los gustos.

En Colombia las reseñas culinarias son poco vistas en los medios de difusión escrita y esta sería una gran idea para fomentar la cocina, el consumo y el surgimiento de nuevas alternativas culinarias que sean atractivas para el comensal.

Autor: Julián Ramírez.

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