El manicomio

Llevo trabajando en este manicomio bastante tiempo, y he conocido personas y casos muy particulares pero el día que la conocí a ella sabía que no estaba loca, Ana era una muchacha muy creativa y muy seria cuando hablé con ella por primera vez me di cuenta que estaba aquí por obligación, la observé por muchos días para saber cómo podía manejarme al hablar con ella, alejaba de todos porque siempre estaba a la defensiva, llevaba mucho tiempo aislada, la encerraban sola en un cuarto.  Por muchos días vi como poco a poco su alegría se perdía; Era 3 de abril me asignaron para comenzar su proceso de terapias según los doctores eso era lo que necesitaba para estar bien, me acerqué a ella de la manera más discreta que pude.

 – Hola Ana, mi nombre es Manuel llevo trabajando aquí muchos años y quisiera saber si podemos hablar esto no será como una terapia, quizá te puedas desahogar mejor hablando con alguien.

Su rostro se estremeció y surgió una sonrisa macabra, cuando le hable no quería que supiera que era terapias, pasaron tantos meses que de su boca no se escuchaba ni una sola palabra, su proceso aquí no avanzaba, era 25 de agosto y ese día me dijo

 – Yo no estoy aquí por asesina, mi mamá me obligó porque mate a la persona que ella más amaba.

Luego se retiró de la sala y se fue a su habitación de aislamiento, al siguiente día le pregunté qué si podía saber por qué había matado a esa persona, de sus ojos brotaban lágrimas y su voz tartamudea, decía que no le tuviera miedo, ella solo se quiso defender.

 – Mi papá nos dejó cuando yo estaba muy pequeña, y mi mamá en su sufrimiento conoció a un hombre que aparentaba ser muy amable salieron por muchos años y luego fueron novios, tres años después él llegó a vivir a casa desde ahí comenzó todo mi infierno, tan solo con 10 años es muy fácil quitarle la inocencia a una niña, mi mamá dejaba que el cuidara de mi hermano y de mí. Recuerdo muy bien esa fecha 15 de febrero de 2011, mi hermano se durmió y yo me quedé viendo televisión, ese hombre se sentó a mi lado y me dijo “quieres jugar” a lo que dije no, ‘‘será divertido’’ su mirada se convirtió en la de un tigre que mira a su presa antes de atacar, y lo hizo de la manera más cruel que no se llega a imaginar el asco que tuve por el ese momento.

Me dijo «Quédate quieta y déjate que será muy rico» aunque gritaba mi hermano no despertaba luego cuando ese cerdo asqueroso terminó en mi dijo «Si le dices a tu madre te juro que los mataré a todos» pasaron tantos años y la situación era la misma todas las noches se metía a mi cuarto y me violaba mi mamá jamás se daba cuenta ni de que se me violaba ni de mi sufrimiento constante, a mis diez años entendí que a veces las personas son malas y quieren volver a las personas buenas malas, mi conducta en la escuela cambió yo solo quería estar sola. El resentimiento fue creciendo, sin mencionar todos los daños morales que causo no veía a los niños igual, pasaron mis 12 mis 15 y nada cambiaba, durante 7 años mi vida era un asco nadie se daba cuenta de que el me tocaba abusaba de mi inocencia, así que decidí asesinarlo.

 – Y ¿cómo lo hiciste?

 – Eso doctor, es algo que me reservo.

Su sonrisa lo confirmaba, el cuerpo sano el trauma que sufrió, pero su corazón se rompió para siempre, vi en sus ojos que la venganza le complacía y que ella estaba dispuesta a vengarse de todos los que la hicieron sufrir, quedé impactado una situación así no debe pasare a ninguna niña ni un ser humano, años después salió del manicomio desde ahí no supe nada más de ella, pero esa historia marcó parte de mi vida.

Autor: Laura Muños Rondón

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