Vendamos órganos

Mi nombre es María, yo era traficante de órganos, deje de hacerlo cuando me paso a mí; Yo trabajaba con un hombre a quien le decían Marco, le gustaba traficar órganos de niños y de adolescentes más que todo de niñas.

El solía convencer a las niñas de salir con él, tenía mucho dinero y así compraba su cariño, después las invitaba a su casa en donde las encerraba en el sótano diciendo “Es más tranquilo hablar aquí”, las dopaba y cuando despertaban tenían todo su estómago abierto y los dejaba sangrar hasta morir, yo convencía a los niños de lo mismo pues soy muy joven y tengo un cuerpo que no deja nada  a la imaginación y el proceso era el mismo.

El 17 de diciembre del 2004 mi hija de 16 años callo en la trampa de Marco, pero cuando llegué a rescatarla ya era muy tarde, tenía su abdomen abierto y estaba a poco de morir, ese día perdí la mitad de mi vida, pero mi venganza fue perfecta, esa misma noche decidí vengar a mi hija tan solo era una niña ella no merecía esto. 

 Al día siguiente llegue a la casa de Marco a eso de la madrugada pude entrar de la manera más silenciosa yo tenía llaves de su casa, lo dope y cuando despertó lo tenía amarrado a una camilla y empecé a rasgar su cuerpo recuerdo como me suplicaba, que parará pero él se lo merecía, lo deje de sangrar y murió en menos de una hora, Marco era un hombre muy deseado así que decidí darlo en una rica torta navideña a Perla su amor platónico.

​Ahora estoy en la cárcel pagando lo que hice a todos esos niños y a Marco.

Autor: Laura Muñoz Rondón

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