El pétalo de una estrella

Estando encerrado en el cuarto de mi casa, observando de primera mano la ausencia de libertad que se le impone a un preso, buscando en el mar de mi desorden, encontré un pétalo de una flor que aún conservaba su color, aferrándose fuertemente a la esperanza de vivir; la comprensión me decía a gritos que aquella mujer de tiempos pasados seguía sonriendo en algún lugar, y aunque la tristeza la golpea cada vez que exhala, sus ganas de vivir y sonreír son más fuertes, tan fuertes como mis ganas de poder presenciar esos momentos de fuerza implacable. Un pétalo de gran simbolismo. Acariciando y contemplando aquel pedazo de ella, recordé la suavidad de su piel, el olor a vida que brotaba imitando al suyo, pero no podía entender ¿cómo estando tan lejos de la flor aquel pétalo mantenía un color tan vivo? Supuse que los factores en donde se encontraba escondido como nuestros sueños más íntimos, fueron los adecuados para que se conservara, y sin darme cuenta por estar perdido en mis pensamientos, por la ventana, la luna me vigilaba desde afuera ansiosa y preocupada, temía que mis manos torpes fueran a dañarlo – ¡No lo haré! esta vez no – le dije con voz entre cortada.

Tiempo atrás, un ramo de rosas con intención de perdón le llevaría a su hogar aquella mujer, y al recibirlo, las lágrimas de ella lo ahogaron y solo un pétalo pude llevarme, era aquel pétalo que ahora sostengo, que me confunde, que me causa ansiedad, que me causa llanto de alegría, y ver la preocupación de la luna por aquel pedazo que aún vive, me rectifica que ella cambio las lágrimas que le ofrecí aquella tarde lluviosa producto de mi inmadurez y egoísmo, las cambio por sonrisas y alientos de vida.

El universo esta tan bien diseñado al punto que un hombre con un millón de vidas, nunca podrá entenderlo; la luna, con una mirada piadosa me dijo que no es entenderlo, es apreciarlo, disfrutarlo. Ella es el producto del polvo magistral del infinito, mientras yo como hombre soy la representación de lo banal, trivial y carnal. Entonces ella es una estrella, creada con los mejores ingredientes de la eternidad: un fuego que arde y brilla, calor que acoge en el frío, pero quema si su ira es invocada, una pisca de grandeza que la mantiene en lo más alto, y retrazos de singularidad; jamás habrá una estrella idéntica que la iguale en luz.

Soy ignorante, por más que me encierre en soledad y lea libros que conducen a la locura, un simple pétalo y una mirada fija de la luna abrió mi mente, camino entre una galaxia llena de mundos, estrellas y soles, no necesito salir del planeta para dar lógica que ella fue, es y será mi estrella direccionando al norte; ¿Qué razón tengo de ver hacia arriba y preguntarme cosas existencialistas? Ella siempre tuvo la respuesta en sus ojos. Aquel pétalo no es más que un pedazo de todo su ser, un pedazo rojo y suave de su alma raptado por mis manos llenas de desespero al ver aquella estrella se alejaba. Aquel pétalo es el significado que aun necesito su fuerza, su calor, su luz. Un hombre siempre dependerá de una estrella, como en los tiempos de Roma que dictaban direcciones y mostraban caminos, hablaban del futuro e inspiraban a grandes poetas, ella es mi estrella, y yo tuve su guía. Ahora entiendo mejor el amor como motor de inspiración, ahora entiendo porque ella fue tan importante, ahora me alegra que su fuego no se extinguió, que prevalece en el infinito universo.

El Sueño

Después de tan hermoso recuerdo y sensación de melancolía que se adentró a las profundidades de mi corazón lleno de cicatrices, la luna con una voz susurrante me daba a entender que la hora de dormir se acercaba; un escalofrió recorrió mi espalda, sabía que con fuerza y por un entendimiento que no comprendo le pediría al dios Hipnos la materialización de ella en mis sueños. Conociendo el riesgo de mí deseo, y con valentía me lance a la acción de dormir listo para verla. Cerré los ojos y acostado en la cama, la barca de mis sueños comenzó a navegar.

El barco toco tierra, me llevo a encontrar en un jardín lleno de rosas, el sol brillaba, los pétalos flotaban a mí alrededor, y en el fondo una silueta; corrí hacia ella la tomé de la mano, me voltio a mirar: sus ojos negros como el mismo infinito reflejando estrellas también llamadas sueños, su sonrisa me iluminó como el mismo sol en medio día, y su cuerpo como el mismo planeta tierra en belleza, era ella no había duda. Caí tendido a sus pies, la abrazaba, y llorando le decía – como un tornado pones mis pensamientos a volar, como un terremoto de gran magnitud mueves mi piso, como un tsunami envuelves mi cuerpo en sudor nervioso y como un incendio poner mi cuerpo. Eres el desastre natural que acontece con solo verte a los ojos.

Me levante, toque su cara y ella seguía sonriendo, me retiro las lágrimas con sus manos suaves como la seda, y me abrazo como solo ella lo hacía, apretándome fuertemente las costillas, recostando su cabeza en mi pecho y golpeando mi rodilla; pero sus palabras fueron muy claras – perdona, pero recuerda que esto es un sueño- y se desvaneció en miles de mariposa. Las rosas sacaron a relucir sus espinas, las nubes taparon el sol y caí derrotado y abrí los ojos, y solo encontré a mi cuarto.

Autor: Esteban Tobón

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