Foto: Esteban Tobón

UNA MUJER HECHA FRUTAS

Y la vi, tan sensual, tan espontanea, tan única, que solo con verla y denotar  su físico comprendí: solo existirá ella, nunca algo igual; su gran figura esbelta abrió tantos caminos en mi mente al punto de confundirme, no me imaginaria ¿Qué llegase a pasar si la probara aunque sea una pequeña parte de ella? Frente a ella estaba su hermana, un poco más pequeña, con una figura más cóncava y no tan encantadora para mi gusto, pero de igual forma bella.

En su gran belleza solo hayo respuestas en la naturalidad de la misma: dos grandes pedazos de melones, una fruta denominada Cucumis melo, fruto de una planta de tallo corto, una fruta con gran cantidad de vitamina C, su figura como una pera tonificada e inusual de ver, figuras como esa hoy en día poco se ven, sus mejillas rojas como dos manzanas, dulces, pero llenas de tentación con un toque de maldad y picardía.

Yo, inocente de la cara que tenía en ese momento, solo pensaba ¿por qué algo tan majestuoso esta en manos de alguien que la trata de manera brusca?, ignorando lo que tiene delante de él, y yo pues… que puedo decir; sin un centavo en mi bolsillo, para tener algo de igual valor, que forma tan materialista de referirme a ella pero en muchos casos es así.

Tan solo en ver sus pecas como un kiwi mostrando sus punticos negros esparcidos en lugares determinados por su rostro que resaltan sus ojos tan negros como brevas, con un peinado algo extraño para ser sincero; pues corto y un poco rizado que caía hasta sus hombros de un extraño color blanco casi amarillento queso combinando con su vestido blanco, un enterizo color crema con un estampado de rallas cafés, un color chocolate para ser más específicos, con forma de espiral lo rodean.

Aunque parezca una apología hacia ella, pero ¡vaya!, que mujer más saludable.

Me acerque un poco para detallar más y note una actitud fría pero dulce al mismo tiempo, me miro a los ojos y observe más de ella, en su interior, dejando ver un corazón roto, rojo, herido, dividido en la mitad, en forma de fresa, con sus venas verdes en la parte superior de este, aferrándose al resto del cuerpo con firmeza ofreciendo ser un asesino y acabar con su sufrimiento de una sola mordida llena de gusto y confianza, pues ella sin decir nada lo entregaría y yo sin dudar le entregaría el mío; vi su sonrisa expresiva, unos labios que al verlos sabía se notaba su suavidad, que sabían a mango, imagina tal dulzura natural. Lo más gracioso fue ver su broche en la cabeza, rojo, pequeño y circular, con un palito verde saliendo de él, dando un toque de juventud prematura a todo su ser.

La vi y sabía que como ella no existe otra igual, pero no me alcanzo el dinero para comprar una ensalada de frutas tan rica, fue decepcionante, la verdad quería una así, pero ¿Qué podía hacer?, seguir mi camino y esperar otra oportunidad para adquirir una igual a ella, aunque lo dudo estaba tan deliciosa, fresca y bien preparada. Llegará el día que me coma una ensalada de frutas  así, espero que el universo se compadezca de mí ser.

Autor: Esteban Tobón

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