Otra mirada de la pandemia

Los más indefensos expuestos a números peligros.

Los niños se refugian en medio de la desolación, abandono y bajo las miradas de un gobierno indolente.

Mientras la mayoría de los colombianos estamos tratando de sobrevivir en nuestros hogares fortaleciendo los lazos entre familia y motivando a los más jóvenes a esforzarse en sus clases, a unos cuantos pasos en medio de la mirada de los habitantes de un barrio de la ciudad de Santa Marta se encuentran aproximadamente diez niños de tres familias venezolanas y colombianas los cuales están en estado de vulnerabilidad, sus edades oscilan entre los 2 a 10 años.

A diario estos niños cruzan a un solar y se invierten entre el monte, la mayoría del tiempo se encuentran semi desnudos y las autoridades pertinentes hacen caso omiso a las denuncias realizadas.

El código de infancia y adolescencia nos da una  mirada en  el  Art.10  llamado  finalidad  nos habla  textualmente de  “Prevalecerá el reconocimiento a la igualdad y la dignidad humana, sin discriminación alguna.” La cual no se está cumpliendo puesto que los niños y jóvenes están  expuestos  al  abandono y descuido de su familiares, y el estado no ha actuado lo cual evidencia las fallas del sistema. Como estos niños alrededor de Colombia hay casos iguales, legítimamente el estado debe proteger el bienestar y consagrar su seguridad cosa que no está sucediendo.

A pesar de tener que vivir en medio de la pobreza absoluta en medio de la ciudad y en un sector residencial nos causa una gran paradoja puesto que aún lado se encuentran personas con comodidades y una vida medianamente estable y en la otra hay drogas, niños en estado de desnutrición, mujeres y hombres con pocas esperanzas.

Transitan con palos, entran motos en medio de la madrugada, se escuchan como rompen las cercas que los separan de éste lote y si logras ver las pequeñas linternas de los celulares se ven a lo lejos internándose en medio de este terreno.

Teniendo en cuenta esto podemos decir que se está convirtiendo en un segundo Bronx.

La esperanza no la pierden, pero la preocupación de ver a estos niños en éste estado cada día aumenta esto por parte de la comunidad residencial de Santa Marta.

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