El eterno viacrucis de la familia Navas

En muchos barrios de Santa Marta el problema del agua es el pan de cada día.

Santa Marta, es la ciudad más antigua de Colombia y Sudamérica; cuenta  aproximadamente con 538 mil personas que se encuentran en estos momentos con muchos problemas de agua en sus casas, dejando gran angustia y molestia, entre otras cosas, por las terribles temperaturas de hasta 39 ºC; que tienen que soportar muchas veces, al no poder abastecerse de este importante líquido.

Este es el caso de Dagoberto Navas y su familia, que como muchas personas de los barrios cercanos a Pescaito, padecen del eterno viacrucis por la falta de agua. El señor Dagoberto es un hombre de 61 años, que para él son 15; trabajador, dedicado a su hogar, buena gente, de estatura promedio, moreno, pero, con el rostro y manos marcadas por los años. Tiene siete hijos y actualmente vive con la madre de sus dos últimas hijas.

Su jornada empieza a las 2:00 de la mañana todos los días, para poder abastecer de agua a su familia y llegar a tiempo a su trabajo. El señor Dagoberto prepara todo lo que va a necesitar junto a su esposa, para que no lo coja el día. Busca su motobomba vieja, que -de tanto ‘lleva y trae’- se le dañó la tapa que tiene en la parte de arriba, pero, con mucho cuidado, le pone un poco de cinta para que medio se sostenga. Luego, su mujer recoge una manguera de color verde, que le toca unir con otra de color negro para que pueda llegar al baño y al patio de la casa. Allí tiene listo un balde con agua, un embudo, que armó con la mitad de una botella de plástico y por último, limpian los tanques y baldes del baño. 

Después, salen a la terraza y conectan la motobomba a un tubo, colocan el embudo, le echan el agua y esperan que llegue el agua…, por otro lado, cuando el líquido no llega desde ahí, unos vecinos que tienen un pozo en su patio les ‘salvan la patria’ y les regalan un poco de su “bendición”, como ellos dicen. Asimismo, a las 3:50 el señor Dagoberto se despide de su esposa con un beso y así se va a su trabajo en su bicicleta.

Cristina su esposa dice que es muy difícil esta situación: 

Levantarse casi todos los días a las 2:00 de la mañana es muy difícil y cuando no hay agua a esta hora nos toca esperar hasta que amanezca para ir, donde vecinos que nos regalen o que nos vendan el agua. Pero, gracias a Dios, no salimos a la calle sin bañarnos. 

Esta es una de las tantas historias que a diario viven muchos samarios en los barrios de la ciudad, dejando en el olvido a estas personas y el recibo “llegando por las nubes” como lo expresa el señor Dagoberto.

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