El justo medio entre la depresión y el ideal espiritual

“El aburrimiento es ese ave que incuba el huevo de nuestra experiencia”    Walter Benjamin

En los puntos sociales de los cuales hemos sido partícipes y/o testigos, podemos identificar sensaciones claves; aquellas son innombrables pues la situación es quien determina la sensación  pero los sujetos reaccionan de maneras distintas, es decir, si se presencia un campo alegre tenderemos a ser felices o melancólicos por el recuerdo, si vemos una película de terror llegaremos a recordar nuestros miedos más profundos o determinamos que es simple ficción y pasamos por alto todo intento de susto por parte del film. Ahora bien, partiendo de lo antes mencionado encontramos al cuerpo sutil y al cuerpo denso (formas de definir las diferencias entre el espíritu y la carne en el taoísmo), de la razón propia derivará cada sensación que tengamos en cada uno de estos cuerpos.

Constantemente nos enfrentamos a la sociedad externa de manera “adecuada” marcando en nosotros una fachada, y al mismo tiempo a una sociedad interna como lo son nuestros pensamientos, deducciones y conciencia surgidos a partir del enfrentamiento directo a lo que acontece alrededor; la sociedad externa impone un “reglamento o manual de conducta” que busca de cierta manera otorgarnos un rol que sirva para la continuidad y construcción de esta, en cambio la sociedad interna procura determinar el rol con base en nuestra felicidad y gusto, un enfrentamiento que si no es bien llevado puede generar la depresión en el sujeto.

En tiempos modernos en el libro La sociedad del cansancio – Byung Chul Han, observamos como el exceso de positivismo genera en el sujeto una constante presión por tener éxito que al no conseguirlo decae en la violencia interna, una autoflagelación pues se enfrenta a una sensación de culpa en la sociedad del sí puedo, un culto al hacer y al poder hacer, Han lo llama como el  “paradigma neurológico”. Esto demuestra en un sentido, el enfrentamiento del cuerpo sutil con el cuerpo denso, pues la búsqueda de la supervivencia se puede convertir en la antítesis del espíritu eudaimonia (Felicidad). Cuando este duelo de espadas internas converge y evoluciona a una guerra, la depresión aparece como resultado de cada batalla diaria dentro del sujeto, pues a su vez aparece una disonancia cognitiva, pues la realidad que observa el sujeto con los sentidos, choca de manera paradójica con los pensamientos y entendimientos internos, es decir, niega su realidad porque sencillamente no le gusta.

En palabras de Freud, El Ello (Nuestras pasiones, intimas, secretas e inconscientes o conscientes) y El Yo, (nuestra capacidad de razonar): en la depresión se pierde el Yo pues frente a la ausencia del objeto se impone el principio de la realidad, la pasiones de lo que queremos ser o del objeto que recordamos sosiegan la capacidad de objetar, pues el sujeto reniega también de sí mismo, el Súper Yo (la autocrítica) pasa de construir, criticar, argumentar a culpar, maldecir, justificar. El enemigo es el cuerpo denso, pero también lo es el cuerpo sutil y a la vez es el mundo que los rodea.

Llegados a este punto, podemos determinar que la depresión es una lucha interna del sujeto por una incapacidad aparente de adaptación a la realidad, pues busca la adaptación de la realidad ha el mismo. Entra en un duelo constante entre sus capacidades físicas y automotoras con los pensamientos que lejos de buscar su felicidad procuran un auto compadecer por sus faltas sin ejecutar lo aprendido, no busca mejorar es todo lo contrario, pues culpa a su alrededor. 

El espíritu siempre busca su propia comprensión y la de su entorno, pero ese entorno fue brutalmente trasladado a los celulares, se prefiere simbolizar una foto tomada de un paisaje en alta definición que recordar la libertad del alma en aquel momento. Los colores grises, opacos, las estructuras cuadradas deformaron el paisaje caóticamente armónico de los árboles, las montañas, los lagos he inclusive los propios animales fueron, son y serán vistos como plagas que interrumpen la monotonía de la sociedad. La tecnología aleja cada vez más la compañía de la naturaleza pero paradójicamente en nuestro ordenador, celular e inclusive los cuadros del hogar poseen paisajes naturales, flores, como si inconscientemente el espíritu añora su libertad, su origen natural.  

Tal vez la pregunta filosófica ¿Quién soy yo? No es la más difícil de contestar, aquella que tal vez si causa problemas es ¿Qué papel juego en mi entorno? Pues esta nos obliga no solo a entender el yo, también se debe entender la esencia del alrededor.

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