(Foto AP/Ivan Valencia)

¿Ahora quién podrá defendernos?

Una ciudad en llamas. Una silla vacía. Unas balas perdidas.

Es lo que quedó en Bogotá en estos días, una de las metrópolis más grandes de Latinoamérica calificada como la Atenas suramericana descubrió que debajo de sus entrañas se estaba descomponiendo a unos niveles extremos, en donde la vida de sus coterráneos vale ni siquiera nada, en donde los llamados a protegerlos los ultrajan, los golpean, los violan, y matan con choques de electricidad bajo su lema honor y gloria.

Esa selva de cemento gobernada por la alcaldesa Claudia López vio como sus centros de atención inmediata eran destruidos por “disque vándalos” que reclamaban justicia por el asesinato del abogado Javier Ordóñez a manos de unos bellacos asesinos trogloditas escondidos debajo de un uniforme, y ese choque entre los que reclaman justicia por tantos abusos contra los entes de justicia y normatividad, vieron como las pequeñas calles de la ciudad se convertían en campos de batalla en donde los hombres experimentan los más bajos instintos de supervivencia, el poder ejercido por aquellas personas que tienen una preparación y un conocimiento de cómo manejar una situación en la que hay manifestaciones. Poder dominar a aquellos que quieren hacer daño al bien público con un elemento muy sofisticado, las balas perdidas.

Los resultados de esta excelentísima estrategia ejercía por estos grandes pensadores próvida fue más una masacre, perdón, homicidios colectivos, la muerte extendió su suave manto sobre 14 almas que reclamaban justicia y un país mejor o como dicen los canales de televisión privados de por acá,  unos vándalos, revoltosos con más  600 heridos muchos de estos con traumas craneoencefálicos por objeto contundente como no sé bolillo, pero estos genios pensaban que estaban en la época de los 1900 y se olvidaron de unos pequeños detalles como que la mayoría de las personas que vivían en estos campos de batalla muchos tenían la capacidad de grabar los incidentes como ellos dicen balas perdidas.

Que posteriormente estás producciones que mostraban la calidad  humana de algunos policías que jurado salvaguardar la vida de los ciudadanos, fueron publicadas en este demonio de las redes sociales, que por cosas del destino o el mismo morbo del algoritmo de estas redes mágicamente brotaron más vídeos de la barbarie y malos tratos de muchos de estos agentes del orden a lo largo de todos estos años. Después de estos momentos oscuros que vivió la población bogotana, uno esperaría que la máxima representación de la democracia en este chochal y a la vez es el mayor comandante de las fuerzas armadas y de policía, sale indoloro en sus medios no comprados alabando aún institución que a leguas se ve que está tan corroídas, que está pidiendo a gritos una restructuración para que los verdaderos policías que sí hacen el bien no queden como un bollo por unos cuantos idiotas que no comprenden las magnitud de sus hechos.

Este presidente nada inepto y pachanguero justifico cada acto que cometieron los agentes esos días, sin importarles las vidas que se perdieron en los actos, la sangre, la confianza que tenía el pueblo en esas instituciones, porque estaban defendiendo cuántos muros, ventanas, y cemento. Porque aquí valen más estas cosas materiales que la misma vida. Esto sucedía por el lado de un gobierno soberbio y sangriento de crocs, por el otro lado un gobierno local se ahogaba en un sentimiento de impotencia combinado con lágrima de sinceridad y respeto por aquellas víctimas que dejaron las manifestaciones, intentando hacer un proceso de perdón en un evento organizado por la alcaldía para que la población no perdiera la fe en una institución, para qué victimarios y víctimas pudieran firmar las paces y valorar la existencia pero el máximo coronel y  sin presidente decidió no ir al evento y dejar una silla vacía, la perfecta forma que representa a un gobierno que nunca ha sido parte de nada. Es simplemente un vacío absoluto, un hoyo negro que lentamente se está consumiendo a este estado y país. 

En esta patria boba dónde se ha pintado todo el país con ese rojo sangre de los pobres, donde el concepto de justicia está tan tergiversado, y los eufemismos mal utilizados y cambiando para el beneficio de la gran élite que niega dominar este país desde un uberrimo, sería bueno que la población se quitara la venda de que este es el mejor vivero el mundo y comprendiera que nos están matando, nos están masacrando, de que estos seres jamás van a querer que este país llamado Colombia sea un país de paz y respeto es mucho más rentable una guerra que el bienestar de La Paz.

la pregunta que nace con estos hechos que sucedieron en Bogotá es ¿ahora quién podrá defendernos? 

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