Foto: BBC

Con el fallecimiento de la magistrada Ruth Bader Ginsburg pueden venir profundas consecuencias para la corte tanto en la dinámica interna como para el país en general.

El 18 de septiembre puede ser una de las fechas que marcan la historia norteamericana. A menos de dos meses de las elecciones presidenciales la magistrada de la Corte Suprema de Justicia Ruth Bader Ginsburg fallece debido a complicaciones de cáncer del páncreas, a la edad de 87 años. Su muerte puede significar la abertura de elecciones para cubrir la vacante que dejó atrás, generando una enorme presión sobre la carrera a la presidencia y el futuro político del país.

Sin embargo, Mitch McConnell, el líder repúblicano del Senado y el legislador de derecha más odiado, ha dejado en claro que si alguna vez se diese una vacante en la corte, un nominado de Trump tomaría el puesto. “El nominado del Presidente Trump recibirá un voto en el Senado de los Estados Unidos”, declaró el mismo viernes. Lo cual significa, con más probabilidad que nunca, que la corte estadounidense será de seis partes conservador ante tres partes liberal.

A tan sólo 45 días antes de que los votantes elijan un nuevo presidente, McConnell desató un fuerte choque político que desestabilizó a los Demócratas e, incluso, a Republicanos que vacilan respecto a su fidelidad a Trump. Con este anuncio, se verán obligados a votar y demostrar de que lado están verdaderamente. El Senador Ted Cruz está de acuerdo, señalando que Trump debe nominar un reemplazo lo más pronto posible, “no podemos dejar que llegue el día de elecciones y votar con una corte de 4-4” dice, refiriéndose a la necesidad de una corte en su mayoría Republicana para asegurar el voto para el nominado del actual presidente.

Minutos tras la muerte de Ginsburg, el Líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer declaró por medio de su cuenta de Twitter “El pueblo estadounidense debería tener voz en la selección de su próximo juez de la Corte Suprema,” escribió, “Por lo tanto, esta vacante no debería cubrirse hasta que tengamos un nuevo presidente”. De esta manera manifestando la posición que tomarán todos los Demócratas del Senado. Así mismo, el nominado demócrata Joe Biden también, por medio de una declaración, dijo: “Los votantes deben elegir un presidente, y con ese presidente deberán elegir un sucesor a Ginsburg”.

Esta posición es una que años atrás el mismo McConnell tomó ante el fallecimiento de Scalia, magistrado de la corte. En el año 2016, la principal voz conservadora de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Antonin Scalia, falleció a los 79 años por causas naturales y un mes después, el Presidente Barack Obama nominó a Merrick Garland, Juez asociado de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Sin embargo, McConnell declaró que cualquier nominación hecha por el presidente del momento sería nula, ya que esta vacante surgió en el año final de la presidencia de Obama y el siguiente presidente debía ser quien elegía el siguiente magistrado. 

No obstante, Ginsburg estaba adelantada a este hecho. Tan sólo unos días antes de su muerte ella le declaró a su nieta, Clara Spera, que su “más ferviente deseo era no ser reemplazada hasta que un nuevo presidente se haya instalado”. 

Cabe decir que Ruth Ginsburg cambió la vida de la mujer americana promedio, luchó por los derechos de las mujeres con tanta fuerza que se puede decir que, sin ella, esos derechos probablemente no existirían. Incluso antes de vestir las togas judiciales, había luchado en contra de cientos de leyes federales y estatales que restringían a las mujeres de trabajos, derechos e incluso servicio de jurado. Cuando llegó a la corte, sólo quedaba continuar la lucha. De esta manera, ir en contra de los últimos deseos de la legendaria Ruth Bader Ginsburg es ir en contra de todo su legado y en contra de quienes ha defendido con tanto fervor. 

Llenar la vacante que dejó Ruth Bader Ginsburg, podría ser la gota que colme el vaso para que se desate en el país, una revolución política en contra de Trump y su partido, la pregunta entonces es; ¿tomará ese riesgo?.

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