Foto:El Colombiano

Lo prometido es deuda

¿Existe algo más peligroso que el culi bajito?, sí, los tibios, probablemente varios han escuchado este término y para poner ejemplos, tenemos al profesor sin opinión, Sergio Fajardo, pero en lugar de docente, parece estudiante reprimido, ese que prefiere no decir nada, para evitar problemas, pero en este caso es para no “polarizar”. Ay, cómo le explicamos, señor en este país de guerra eterna, de injusticias, violencia, donde necesitamos hacernos escuchar, no hay espacio para el silencio, con esto no hago referencia a la necesidad de pertenecer a un grupo de derecha o izquierda, es cuestión de tener carácter, actuar de manera coherente, defendiendo ideales con argumentos, no estar cambiando de parecer como niño pequeño en juguetería. Pero al parecer después de las elecciones del 2018, se quedó mudo, se le acabó la motivación, creo que le duró muy poco, el entusiasmo de luchar por un cambio.

Sin embargo no es el único porque nuestro próximo modelo, realmente no deja de sorprenderme, hace creer que tiene las cosas claras y que actúa como debe, pero en realidad no, se vendió como algo totalmente diferente a la realidad, hablo de Claudia López, la alcaldesa de Bogotá.  No hay derecho a querer verle la cara de pendejos, a quienes confiaron en usted, esas personas votaron creyendo en sus promesas, pero como las palabras se las lleva el viento, en campaña todo suena muy lindo sin embargo estando donde quería, la cosa cambia, evidentemente. Empecemos por el Transmilenio por la AV.68, ella aseguró que esto no se llevaría a cabo, fue a mi parecer una de las propuestas más contundentes dentro de su candidatura, adivina, adivinador, ¿qué obra fue adjudicada a  principio de año?, exactamente, esa misma, finalmente los articulados si tendrán paso en esa avenida.

A eso le llamo estrategia porque no me como el cuento de “pobrecita Claudia”, no jodas, es claro, ella sabía perfectamente el terreno en que se estaba metiendo, supo usarlo perfectamente a su favor, para la muestra un botón, miren el cargo que está ocupando. Ahora, no es lo único que le juega en contra porque si bien, salió a ponerle el pecho al coronavirus, diciendo “no se preocupen por comida y techo que eso lo van a tener”, brindándole “tranquilidad a la ciudadanía”, vendiendo la imagen de “todo va a estar bien”, para después ir bien escoltada por el ESMAD a desalojar, no una sino varias familias en Ciudad Bolívar, en plena PANDEMIA porque está claro que no es solo, “una gripa que genera caos innecesario”. Eso, sí fue una canallada, porque esas personas fueron las primeras en recibir el impacto del bien conocido, covid-19, muchos perdieron su empleo y lo más fácil era ir a sacarlos de sus hogares, la pregunta es ¿a dónde iban a ir? pero además ¿era necesario llegar con el ESMAD?, son dudas que realmente quisiera resolver.

Perfectamente podría ponerles más de estos, “imparciales” e incluso muestras de lo que hacen o más bien de lo que no hacen. En este país hay muchos políticos que no quiere entrar en una “polarización”, esos mismos no han entendido que al final la ciudadanía es víctima de eso, el silencio, las contradicciones, el estar con el árbol que más sombra les dé, también influye en todo lo que pasa, aquí no es solo intentar hacer para después vanagloriarse con ello y al final no salir con absolutamente nada porque “no está dentro de sus posibilidades”, entonces se estarían “extralimitando”.

Colombia ha vivido en un engaño tras otro, viven prometiendo una paz eterna, mientras vemos como la violencia va en aumento, prometen proteger a los vulnerados pero luego arremeten en su contra, no más ineptitud, necesitamos resultados, no más gente calentando la silla, ganándose el sueldo sin hacer nada, ya estuvo bueno, ¿no?.

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