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Michelle Obama, una mujer que inspira con su sencillez

Descalza y en pantalón corto, así la describe Amelia Castilla, periodista y redactora jefa de EL PAÍS SEMANAL, a una de las prendas con que más se siente cómoda Michelle, dejando ver otra faceta de la mujer más influyente y considerada por muchos como icono mundial debido a sus múltiples acciones sociales y políticas.

A los 54 años, la ex-primera dama siente que su vida sigue progresando y no piensa en detenerse. Después de salir de la Casa Blanca a un tranquilo y lujoso barrio en Washington, empieza a disfrutar del silencio y de la compañía de su familia. Contó en noviembre del 2018, hoy de 55 años, al diario El País. 

 “Se define como ambiciosa, testaruda, alguien que puede llegar a levantar la voz cuando se enfada o incluso, como reconoce que hacía de niña con su hermano, usar los puños si hace falta. Claro que el tiempo y la experiencia han aplacado su carácter, aunque ante los problemas sigue buscando respuestas concretas”, expresa la periodista Castilla.

Así mismo, añade que: “Por fortuna, en estos dos últimos años he podido respirar más tranquila”, y fue entonces que en la tranquilidad de su hogar pudo encontrar ese lugar especial para poner en marcha su libro autobiográfico, Becoming (Mi historia), en cual relata datos relevantes de su vida privada; como que es una fanática del orden, odia el tabaco y que sus hijas fueron concebidas por fecundación in vitro, además de mencionar que no fue una buena época para ellos como pareja. 

Michelle Robinson, creció en el ­South Side, en un barrio humilde de mayoría negra; en Chicago, 1964. Su vida y educación estuvo basada por mucho esfuerzo, al pertenecer a la minoría afroamericana. Sin embargo, aprendió a vivir con ello. Fue una alumna sobresaliente, en los colegios que estuvo formó parte de los grupos que eran separados del resto para no afectar el rendimiento de los demás estudiantes blancos; y se endeudó como muchos jóvenes americanos y del mundo, para poder pagarse su carrera de abogada en la Universidad de Harvard. 

Debido a los fuertes desafíos que tuvo que enfrentar Michelle afirma lo siguiente: “Tuve que aprender a usar mi voz en multitud de escenarios, desde el barrio con sus matones hasta las aulas universitarias y las plazas del mundo”, para así ir forjando su carácter y  persona. 

Entre las personas que marcaron su vida está su madre Mirian, quien la había educado para ser capaz de resolver sus propios asuntos. Para ella, que había crecido en medio de privaciones y escasez, no había privilegios. Luego de que su marido Barack Obama, ganara las elecciones a la presidencia decide llevar a vivir a su madre a la Casa Blanca, dándole realce a lo que representaba en la formación de su personalidad.

Por otro lado, está su tía y profesora de piano Robbie, quien le inculcó y educó en lo que denomina “el sonido del esfuerzo”, su tía significaba mucho para ella, “Robbie fue un ejemplo importante para mí. En mis memorias cuento que a veces discutíamos. Cuando empecé con las clases de piano, yo tenía cuatro o cinco años, pero, aunque era pequeña, no me acababa de gustar su método de enseñanza. Tenía mis propias ideas sobre cómo aprender las escalas y los acordes, saltaba de una parte del libro a otra y aprendía canciones de oído. Pero Robbie estaba empeñada en que yo debía seguir su camino, así que, cada pocos días, la tozuda preescolar y su igualmente obstinada maestra dirimían sus diferencias ante el piano de la segunda”. Así lo relata Michelle, al diario El País.

Tiempo más tarde se gradúa en Harvard como abogada y logra ingresar al bufete de abogados en la planta 47 de un edificio de Chicago, donde ejerció un tiempo como jefa de su futuro esposo. Sin embargo, decidió dejar el empleo movida por su vocación de servicio público, a pesar de su excelente sueldo. 

Después de varios años su esposo Obama, entra de lleno en la política teniendo que mudarse a Washington, un paso difícil para su familia. Pero, aún así tomaron la decisión de irse y encaminar su destino a la presidencia. 

En conclusión Michelle comparte un poco del espíritu social que tiene con su esposo afirmando lo siguiente: “Me estoy tomando un tiempo para pensarlo. Sabía que, cuando abandonáramos la Casa Blanca, iba a necesitar relajarme y procesar lo que acabamos de vivir. En cuanto a lo que vendrá a continuación, todavía no he hecho muchos planes concretos. Por supuesto, Barack y yo estamos ligados al servicio público. Forma parte de nuestro ADN. En consecuencia, dedicaremos mucho tiempo a trabajar para mejorar la vida de las personas dentro y fuera de Estados Unidos.

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