Foto: RR.HH digital

El espíritu como educación

“Si yo miro al fondo de tus ojos tiernos se me borra el mundo con todo su infierno, ojos de cielo ojos de cielo no me abandones en pleno vuelo…”

El espíritu en algunas culturas lo denominan como el cuerpo sutil, aquel que está por encima del cuerpo material. El Espíritu proviene de la palabra latín “espíritus” que significa viento y respiración. En algún momento la curiosidad inunda nuestros pensamientos buscando tener algún contacto con el mundo natural que nos rodea, no todo es televisión, su belleza y crueldad siempre está a la vista, la madre naturaleza está presente por más que la ciudad la intente ocultarla. Para aprender de esta espiritualidad en el hombre es necesario una desconstrucción de la comprensión material, y dando campo a que el mundo nos otorgue lo que necesitamos. 

La espiritualidad es introducir la mirada a la esencia de las cosas, esto, aplicado en una, es mirar la esencia de aquella, conocerse así mismo, conocer el verdadero yo un individuo que a la vez es un todo; pero ¿se puede ser lo suficientemente valiente para ver el yo interior desnudo tal cual es?    

La espiritualidad busca el cuidado del yo, el cuidado del tú, el cuidado del entorno; una comprensión con lo que nos rodea desde el entendimiento de que todo tiene su esencia, su espíritu, su cuerpo sutil. El uso de una esmeralda dejó de ser símbolo de sabiduría, pasó a ser usada como objeto de estatus social privilegiado del capital económico, la espiritualidad de la gema preciosa ahora tiene un valor económico. Tan solo como obsequiar una flor enriquece la espiritualidad, una sonrisa siempre saldrá de tal acto. ¿Qué souvenir nos ofrece la ciudad para mejorar la alegría de una flor? Es difícil encontrar la respuesta pues lo material no llena el espíritu. La naturaleza es bella en su simplicidad.   

Aquello que nos protege en las sociedades actuales como son: los seguros de vida, los seguros bancarios, los seguros a todo, todo está asegurado,  ha logrado que nos alejemos de la intemperie encerrándose en una caja dejándonos sin espíritu, sin respiración. El miedo consume a las personas y la escapatoria está en el trabajo por recompensa monetaria para su comodidad, el materialismo ha subyugado al espíritu, el espíritu ha sido trasladado a pequeños momentos de felicidad en una sociedad de constante lucha por subsistir. Comparando las ráfagas de viento que se reciben en la azotea de una casa, con una ráfaga de un bosque, ambas son un viento, aquella de la ciudad ofrece enigmas del mañana, aquella del bosque brinda libertad, silencio, un encuentro entre el alma y el cuerpo.  

Los sistemas educativos comprometidos fuertemente con la enseñanza pragmática de los individuos han olvidado una materia muy importante, una que busca la felicidad y realización individual, la espiritualidad. Con un 42% de deserción estudiantil, Colombia ocupa el segundo puesto de América latina demostrando así que el aprendizaje, el acto de estudiar no siempre da gusto; como dice el adagio “Nada mejor que hacer lo que a uno le gusta” ¿es esto un llamado a la plenitud de nuestro espíritu? Un niño en un colegio piensa en ser astronauta busca tal vez inconscientemente la felicidad de su ser, su realización total, su sueño es el bus en el que va su espíritu. 

El espíritu siempre busca su propia comprensión y la de su entorno, pero ese entorno fue brutalmente trasladado a los celulares, se prefiere simbolizar una foto tomada de un paisaje en alta definición que recordar la libertad del alma en aquel momento. Los colores grises, opacos, las estructuras cuadradas deforman el paisaje caóticamente armónico de los árboles, las montañas, los lagos e inclusive los propios animales fueron, son y serán vistos como plagas que interrumpen la monotonía de la sociedad. La tecnología aleja cada vez más la compañía de la naturaleza pero paradójicamente en nuestro ordenador, celular e inclusive los cuadros del hogar poseen paisajes naturales, flores, como si inconscientemente el espíritu añora su libertad, su origen natural.  (ciudades y tecnologías)

Tal vez la pregunta filosófica ¿Quién soy yo? No es la más difícil de contestar, aquella que tal vez si causa problemas es ¿Qué papel juego en mi entorno? Pues esto nos obliga no solo a entender el yo, también se debe entender la esencia del alrededor.

«Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí». Lewis Carroll

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