Foto: Unicef

La Mutilación Genital Femenina se basa en la extirpación de los órganos reproductivos exteriores de las mujeres, este fenómeno convierte la rutina diaria de las sobrevivientes en dolor y cobra vidas de las cuales no tenemos cifras. Todos debemos luchar para erradicar estas crueles amputaciones. 

La mutilación genital femenina conocida por sus siglas MGF, es un fenómeno que no data de un año en específico puesto que se encontró rastros de esta practica en momias egipcias. Sin embargo, no tiene fin, puesto que se sigue practicando a pesar de la lucha de organizaciones mundiales como la ONU y la OMS para prohibir esta violación a los derechos humanos en todo el mundo. 

La lucha de dichas organizaciones ha dado frutos en al menos 40 países que han legislado a favor de la prohibición de este procedimiento que tiene graves consecuencias en las niñas, jóvenes y mujeres que han vivido esta intervención. 

Este procedimiento artesanal, se realiza en niñas y adolescentes en un rango de edad de 0 a 15 años. Este fenómeno deja en quien se realice un amplio abanico de consecuencias negativas que van desde las afectaciones de salud física y psicológica, que a la vez puede llegar a causar la muerte. 

Algunas de las consecuencias físicas van desde, la menstruación irregular, mayor riesgo de infección, pérdida de gran cantidad de sangre, dolor al orinar, problemas en la vejiga, infertilidad, y riesgo en el parto. Orinar es doloroso como lo cuenta, Hibo, una sobreviviente, a el medio BBC.

Asimismo, las sobrevivientes quedan con traumas respecto a la percepción de su propio cuerpo, además de trastornos como la depresión, ansiedad, disfunción sexual, etc.

Las víctimas son alrededor de 200 millones en todo el planeta, según cifras de UNICEF, sin embargo, no existen cifras exactas por la forma artesanal y cultural de cómo se desarrolla el MGF en el contexto. 

Este procedimiento no posee ningún beneficio para la salud, todo lo contrario, expone a la mujer a capturar enfermedades como el VIH. Avalada por múltiples culturas patriarcales, está práctica genera una brecha de género donde las mujeres/niñas que no son intervenidas poseen rechazo social y no las aceptan como esposas de matrimonios arreglados.

Bajo premisas falsas como que ayuda a conservar la virginidad y la pureza, controlan la sexualidad del género femenino, también hace parte de un cruel ritual de transición entre niñas y mujeres. Adicionando, los estándares sexuales y sociales de dichas comunidades que no permite ascender a la mujer a posiciones de poder y el matrimonio es la única oportunidad de subir en la escala social. 

A la vez se habla de cuatro tipos de mutilación genital femenina, aceptadas por las múltiples organizaciones internacionales que reconocen el fenómeno como un problema global. 

Las tipologías se basan en los genitales que mutilan. Se considera el primer tipo la mutilación total o parcial del clítoris, la segunda, la abstracción total o parcial del clítoris y los labios menores, la tercera, tienen como fin el estrechamiento vaginal por lo que cosen los labios mayores y extirpan una cantidad definida por quien hace la intervención de los labios menores y la última se basa en un abanico de opciones que pasan por las perforaciones, la cauterización y la tercera tipología pero agravada permitiendo solo el paso de la orina y la menstruación. Esta fue la forma en que destruyeron los genitales de Hibo, quien contó su historia a BBC, asegurando que su vagina era del tamaño de un fósforo haciendo complicado todo en su vida por muchos años. 

La MGF es un fenómeno que no tiene cifras respecto a las niñas que han perdido la vida en medio de esta intervención por la dificultad de rastrear los casos. Sin embargo, se conocen algunos casos donde niñas murieron y sobrevivientes cuentan la violencia a la que son sometidas al ser un acto forzado, donde las amarran, les tapan la boca y las maltratan mientras le cortan una parte de su cuerpo sin ningún tipo de anestesia y sin conocer razones.

La mutilación genital femenina es innecesaria y alimenta el dolor de la población femenina de los 30 países donde se sigue practicando. La lucha por erradicar este fenómeno que amedrenta e incluso mata a las niñas y mujeres es de importancia para todos. 

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