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Nadie sabe con la sed que otro vive

La migración venezolana ha sido una situación de hace ya bastante tiempo, evidentemente la situación en el vecino país no es la mejor actualmente al menos para una gran parte de los ciudadanos, quienes se han visto obligados a trasladarse a diferentes territorios en pro de mejorar su calidad de vida. ¿Tiene algo de malo?, no el problema son los prejuicios y el generalizar, tengo claro que algunas de estas personas no han actuado de la mejor manera, ni aquí, ni en otros lugares del mundo, pero seamos claro, NO SON TODOS. Me entristece de sobremanera ver como la xenofobia va en aumento, a ver, el país somos nosotros, aquí perfectamente podría pasar lo mismo que en Venezuela, créanme cuando le digo que no nos falta mucho para llegar hasta allá.

¿Qué se siente ser señalado?, conozco muchos casos de amigos y familiares que han salido de aquí, tan pronto entablan conversación con otras personas, al ellos enterarse de que provienen de Colombia, generalmente lo primero que dicen es “Pablo Escobar” o “Coca”, incluso llegan a preguntarles si la venden, generando la creencia de que aquí todos consumimos drogas o las vendemos, tenaz, ¿no?. Pero bueno para no irnos tan lejos, algunas en la vida, todos hemos pasado alguna vergüenza, ese momento cuando los demás, se percatan y proceden a burlarse de nuestro momento de torpeza, uno lo único que quiere es desaparecer porque la situación se torna incómoda, así mismo se han sentido las familias venezolanas cuando se suben al transporte público, mientras otros los miran de reojo y hacen comentarios.

Empatía es lo que hace falta, ni usted, ni yo, somos dueños del mundo, algunos creen tener la potestad para decirles a otros qué hacer y cómo hacerlo, estos “venecos” son seres humanos, pasando por una situación compleja, en este momento cuando el panorama se torna gris, lo que menos necesitan es una mala cara o un comentario estúpido porque como dice mi mamá, hoy estamos en la cima, mañana no sabemos. Seamos conscientes de que detrás de nosotros vienen más generaciones y sería lamentable, empezar a retroceder lo poco que se ha avanzado en cuanto a la igualdad, durante estos años.

Nadie es un ejemplo de vida, para estar opinando sobre la forma en que otros se ganan la vida, sí ya sé que muchos se suben al Transmilenio con historias fantásticas que hasta parecen sacadas de un libro, llorando y pidiendo ayuda, cuando en realidad no la necesitan, pero no por eso podemos creer que todos actúan del mismo modo, ellos lo tenían todo, hay personas con más títulos que muchos aquí en Colombia sin embargo eso no les ha servido de nada, aun así persisten, anhelando volver a tener una vida digna, salen a las calles a buscar una forma de progresar porque la gran mayoría tuvo que empezar de cero.

Lo desconocido siempre causa temor, pero no está mal salir de la zona de confort, ellos no son nuestra competencia porque no podemos estar juzgando a las personas por sus  problemas. Aquí el problema no radica en que los venezolanos trabajen por menos sueldo no, el meollo del asunto es que los jefes de las empresas, aprovechan esta crisis para explotar a esas personas, para luego decirles “no trabaja más, se va”, así de la nada, dejando una familia entera sin sustento, esto es más una reflexión, un llamado a la calma, todos podemos vivir en armonía, pero lo más importante es y será siempre, el respeto por el otro.

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