Fuente: El Colombiano.

Lo que siembras, lo cosechas

Soy partidaria de las marchas porque de alguna manera considero que es necesario hacerse ver y escuchar, por un Gobierno inútil que pretende hacerse el ciego, sordo e incluso, el “desinformado”, es necesario con tal de seguir restándole importancia a los problemas del país. Este tipo de movilizaciones, las cuales evidentemente se planean, han sido saboteadas desde siempre de una u otra manera, así que ya no sorprenden las múltiples hazañas de algunos por intentar que los ciudadanos dejen de salir a expresar sus inconformidades. Aunque previamente se acuerda quienes organizan estos eventos, para manejar la situación de una manera adecuada, el oportunismo suele hacer presencia, si mal no recuerdo en un paro nacional convocado el año pasado, un gremio bastante hipócrita diría yo, se negó a participar del mismo, pues según su percepción lo correcto en el momento era “ponerse del lado del presidente”, por si no está claro, hablo de los taxistas.

Me molesta de sobremanera el cinismo de estos personajes, aunque “no todos son iguales”, mis experiencias con ellos han sido bastante desagradables debo decir. ¿Cómo es posible?, accedes a su servicio y el conductor decide no llevarte porque “le queda muy lejos”, respuestas de este tipo me atrevo a decir que la mayoría las hemos recibido, o el típico “ya voy a guardar» y “por allá no me meto, hay mucho trancón”, entre otras. No encuentro un sentido lógico ante semejantes contestaciones, peor aún, al hecho de que alguien decida no hacer su trabajo por el cual le pagan, además, el traslado de un lugar a otro no tiene complejidad cuando cuentas con un vehículo, solo digo que si sacan los carros solo para generar más tráfico, mejor déjenlos en el garaje, sería un detalle de fina coquetería.

Reitero, todo esto es para aquellos que no ejecutan su labor adecuadamente, pero sí se quejan todo el tiempo de “la vulneración” a la cual se ven expuestos por plataformas ilegales, respétense un poquito, sean sensatos que el servicio de otros se los lleva por mucho, empezando por el trato a las personas. El negarse a llevar un pasajero excusándose con pendejadas ha puesto en juego la credibilidad de quienes se dedican a esto, es como si un cirujano decidiera no operar un paciente porque ya se debe ir a almorzar, así de estúpido suena.

Con todo esto quiero llegar a un solo punto, y es que el día de ayer el gremio de taxistas decidió salir para hacerle frente al mismo personaje que un año atrás apoyaban. Lo gracioso del asunto es esa doble moral porque no cumplen su tarea, pero cuando les llega competencia arman el drama de la vida, se negaron a estar con quienes, por otra razón, usan ese medio de transporte, para acompañar a quien los llena de promesas que hasta el momento siguen sin ser cumplidas (ni lo serán). Cada quien actúa como lo cree conveniente, somos libres de adquirir una postura frente a lo que sucede a nuestro alrededor, pero así mismo debemos ser coherentes para no resultar haciendo el ridículo en el futuro.

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