Fuente: Javier Sulé.

La novela “maradoneana” mal contada de la vida

Homenajes y más homenajes, tal vez esta ha sido la ocasión en que muchos de los futbolistas del mundo se han puesto nostálgicos con la muerte de un futbolista, creo que desde hace muchos años no se vivía la muerte de alguien como lo fue Maradona, quizás el accidente del Chapecoense fue lo último que vivimos que nos dejó pensando en que la vida nos puede cambiar de un día para otro.

El fútbol es el deporte que mueve masas que mueve personas por montones y que pone a vibrar a las personas de una manera exorbitante, después del fútbol hay algo más que nos pone a temblar como nunca nada, lo podríamos llamar guerra, miseria, analfabetismo, discriminación, etc.

Mientras en un estadio de Europa se juegan la final de un torneo el Real Madrid contra el Barcelona, al otro lado del charco las personas se juegan el partido de sus vidas por lograr sobrevivir en un continente lleno de precariedades, mientras en todo el viejo continente le rinden homenaje a un Maradona, acá en América Latina, las personas mueren a diario por racismo, como es el caso de Brasil que hace pocos días en un supermercado guardas de seguridad asesinaron a golpes a un hombre de color, en Chile las cosas no van bien con Piñera, un tipo que solo vela por sus intereses y los interés de sus amigos para hacer y deshacer en un país que marcha tras marcha busca un cambio y a su dirigente le importa un bledo que pasa, en Argentina la economía se desploma, las familias ya no hacen parrilladas como de costumbre ahora solo miran por la ventana esperando que todo mejore, y acá en Colombia estamos viviendo una novela de García Márquez, pero sin mariposas amarillas solo mariposas muertas por las balas disparadas por paramilitares y otros grupos armados.

Pero a nadie le importa esto cuando de fútbol se trata, los homenajes por las personas que realmente lo merecen han quedado en el olvido. Familias incompletas, sueños frustrados, niños por educar, falta de un buen vivir en cada hogar de América Latina, pero siempre con un fanatismo por el fútbol.

“Maradona…Maradona…Maradona”, así replicaban los aficionados del Napoli al enterarse que su ídolo había muerto. “No a la corrupción…No a la corrupción”, eso gritaba un pueblo lleno de sangre que sabía que su voz no la compartía con el resto del mundo, solo con sus países amigos que sufrían lo mismo. Un tiro de tres dedos que marco un ídolo para muchos o un tiro que le quito tres dedos a un campesino que corría por su vida, los contrastes de la vida cambian desde el punto de vista que los mires. La mano de Dios decía los narradores del partido Argentina vs Inglaterra, pero en América Latina no hay ni Dios ni patria.

Aun me acuerdo cuando en una entrevista a una persona que vivió el conflicto armado me dijo que casi lo matan a él y a su hermano en un pueblo de Caldas por estar jugando fútbol en un lugar prohibido y, ¿por qué prohibido?, porque se habían metido a una finca de un duro de la guerrilla, así me lo decían ellos. “Hermano corra… corra que nos van a matar”, esto le decía Carlos a su hermano pequeño Juan para salvar sus vidas de las balas.

Mientras los niños esquivan balas como si fuera un juego, en el otro lado del mundo hacer un gol de chilena es galardonado, la vida es una novela de Cortázar en donde Rayuela es trazada por un hilo de sangre entre Europa y América Latina.

 

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