Foto de: Blu Radio

La gota que derramó el vaso

Me invade la frustración al ver cómo le ponen valor a la vida de un ser humano, hasta el momento han muerto 52.128 personas a causa del COVID-19,15 líderes sociales asesinados y 20 ciudadanos más, debido a seis masacres en distintas partes del país. Ninguno de esos acontecimientos ha sido suficiente para tomar acciones, el respeto ante el dolor de cada familia de las víctimas tampoco lo es, porque ninguno era amigo del señor Duque, siendo el “Presidente” de Colombia, sigue dejando pasar los diversos asesinatos que no sonnada nuevo, lamentablemente.

Hace un par de días falleció el Ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo, un amigo cercano a Ivancito. Sí, el mismo cuando se presentaron los disturbios en septiembre del año pasado, donde se evidenciaron abusos orquestados por la Fuerza policial en donde se negó a pedir disculpas públicas, luego de justificar dichos actos o más bien, negar su responsabilidad ante ellos. Bien dicen las abuelas que todo muerto es bueno, este no es el caso y es necesario dejarlo claro, Trujillo nunca cumplió su función bajo el cargo ocupado, solo se encargaba de excusarse ante su falta de agallas, auspició cuanto atropello fue posible, contra quienes se supone, debía defender.

En un mundo ideal, todos estos actos aberrantes directamente asociados a la violación de los derechos humanos serían tomados con la seriedad que ameritan e igualmente se establecerían medidas radicales, las cuales ayudarían a prevenir la repetición de estas matanzas sin fin. Aunque aquí en el país del sagrado corazón, esas cosas no pasan, las “masacres” son un término periodístico, “el ESMAD, no incurre institucionalmente en excesos” y medicinal legal “se equivoca”, no sé en qué Colombia vivía Holmes porque definitivamente aquí en esta enorme fosa común sucede todo lo inimaginable, desde policías asesinos en adelante, así de jodidos estamos, aunque él dijera lo contrario.

Personalmente he visto como amigos cercanos sufren por la partida de algún ser querido, sin embargo, los gastos no dan espera e intentan seguir con su vida, incluso sintiendo como el corazón se parte en pedazos porque su familia ahora está incompleta. Ahora resulta que, debido a la muerte del ministro, hay tres días de luto nacional, se muere el culibajito y nos dan un año, entonces. Esto es una falta de respeto por el dolor ajeno, entonces si eres cercano a la marioneta del innombrable, mereces un homenaje, salir toda la semana en cada uno de los medios de comunicación nacionales, debemos escuchar el maravilloso ser que perdió el país. De lo contrario solo eres una cifra encargada de aumentar el número de cadáveres, la causa es lo de menos, además es necesario sacarte rápido del hospital (bueno si corres con la suerte de llegar a uno)  porque las camillas en las UCI están escasas.

En fin, mi intención no es burlarme de nadie, solo quiero dar a entender mi punto. Si a una persona en vida le fue imposible ganarse nuestro respeto, ¿por qué cambiaría esto tras su muerte?. No considero eso un argumento suficiente, este valor tan importante se gana y si personas cercanas a nosotros no lo han logrado ¿qué motivo tendríamos para dárselo a un desconocido?