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La moda y el lujo: Un mundo oculto de negligencias y precariedades

¿Quién no ha soñado con comprar una prenda lujosa a una gran marca como Louis Vuitton, Dior u otra?, creo que la mayoría lo hemos hecho, pero más allá de lo que vemos a simple vista, ¿Cuántos nos hemos preguntado qué sucede con la materia prima y los que la trabajan?

Hay un dicho que dice: “ojos que no ven, corazón que no siente”, esto podría tener más significado en el mundo de la moda que en cualquier otro ámbito de la vida, sobre todo cuando se trata de una sociedad enamorada de los lujos.

Es muy fácil ir a una tienda de moda y comprar un bolso o un abrigo; es muy fácil solo ver ropa colgada en una vitrina con linda iluminación y decoración alrededor que suavizan la idea de comprar la piel de un ser vivo para ponerla encima de nuestros cuerpos.

Sin embargo, la visión de las personas no sería igual si se atrevieran a ir a una curtiembre en Italia o a una granja de animales para uso industrial en China, la forma en la que veríamos al producto final nunca volvería a ser igual.

Al conocer el proceso de fondo ya no ves lindos bolsos, chaquetas, botas o abrigos, observas animales deshollejados, escuchas sus quejidos de dolor y desesperación por el daño que les causan solo para satisfacer los placeres humanos.

Como lo menciona Zoé De Bussièrre, periodista en el documental ‘Detrás del lado brillante de la moda’, “es habitual que metan a varios conejos apiñados en una jaula minúscula”, mientras se aprecian animales con tumores que viven entre sus propias eses y se pelean por ganar más espacio, sin entender lo que se viene para sus cortas vidas.

La vanidad, como ignorar tan fría palabra. Quizá no se puede ser completamente vanidoso si eres demasiado empático, sobre todo cuando conoces bien el manejo de la industria de la moda, donde es casi un secreto a voces que no solo los animales son maltratados, sino que las condiciones de trabajo son deplorables, sobre todo si eres inmigrante.

Entre más lejos este tu país de origen de la curtiembre en la que trabajas y entre más marginado seas socialmente, peor eres tratado en estos lugares. Como si estas personas no valieran un centavo, enfrentándose a jefes que los explotas y a entidades regulatorias corruptas que prefieren no intervenir mientras sigan beneficiándose de todo el asunto.

Luego, De Bussièrre, en el mismo documental, comenta los siguiente: “estos empleados, sobre todo su salario, son uno de los secretos que se esconden tras nuestro precioso abrigo de Max Mara”, refiriéndose a lo poco que se les paga a los trabajadores de las curtiembres, mano de obra barata de la que se aprovechan y sueldos que no llegan al salario mínimo por más de 10 horas de trabajo diario.

La explotación laboral en el mundo de la moda ha sido un debate de no acabar, siempre que se encuentra un punto, parece que el debate se ve intervenido por algo o tal vez alguien, también, las grandes marcas suelen evadir toda responsabilidad de las negligencias de sus subcontratistas, esto si no niegan cualquier relación con ellos de ante mano.

Como comenta el diario Dirigentes Digital en una de sus publicaciones: “obligados a trabajar horas extras, sin poder reunirse en sindicatos, o incluso amenazados con ser despedidos sólo por estar enfermos; así trabajan muchos de los empleados de grandes marcas textiles en sus fábricas de Camboya, China, Tailandia, Marruecos, etc”.

La moda no es el último grito, la moda es el grito de los empleados y animales maltratados por un mundo corrompido por la moda y el lujo. Pensaría que quizá lo que se necesita la sociedad es un cambio en las ideologías banales implantadas por grandes marcas de moda dedicadas a la venta y elaboración de vestimentas, que terminan por ser más caras que moralmente correctas. Practicas maquiavélicas y macabras sin una razón lo suficientemente justificable.