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Ana Luisa Amaral gana Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

El Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca conceden el XXX premio a la poeta portuguesa Ana Luisa Amaral por su importante lucha para reivindicar la justicia a través de la literatura.

Amaral dio a conocer esta mañana a la agencia Efe que se sentía muy agradecida, especial y feliz por haber sido la ganadora del Reina Sofía de Poesía iberoamericana. Esta mañana mientras paseaba a su perrita Millie Dickinson, lo expresó por medio de estas palabras: “Un premio de enorme prestigio hecho para la poesía. Creo que es el más prestigioso en Iberoamérica porque envuelve a todos los países de expresión española y los portugueses en Portugal”.

Así lo definió la poeta, quien nació en la capital de Portugal, Lisboa, en el año 1956, se graduó y jubiló de Literatura Anglo-Americana de la Universidad de Oporto y ha conseguido ser altamente reconocida por sus estudios sobre la mujer, “queer”, el feminismo y la protección de sus derechos.

Por lo mismo, la presidenta del Patrimonio Nacional, Llanos Castellanos, dijo que el premio se le había otorgado a Ana Luisa porque el significado y trasfondo de sus obras por lo general mantienen “un mensaje de apertura, de respeto, de tolerancia y de reivindicación, también en clave anglosajona, que ha sabido unir con las letras portuguesas el valor de lo pequeño y lo cotidiano”.

Por otro lado, Ricardo Rivero, rector de la Universidad de Salamanca (USAL) insiste en que Amaral ha representado y personificado los valores ibéricos e iberoamericanos que buscan el apoyo y defensa de la libertad, dignidad y equidad de género para todas las personas.

El premio concede el valor de 42.100 euros y reconoce la aportación al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España de la obra poética.

La ganadora del premio, quien ha sido a su vez galardonada con el “Grande Premio” de la Asociación de Escritores Portugueses en el año 2008 y el Premio Giuseppe Acerbi de Italia en 2007, está convencida de que es vital hablar de varios temas que atañen a la sociedad y además la distancian, en vez de unirla. El feminismo, por ejemplo, dice la autora, no solo ayuda a las mujeres sino por supuesto también a los hombres. Hablar de género, clase, raza o etnia para ella se convierte en una obligación y el odio lo único que permite y conlleva es a un camino plagado de más odio.