Foto: La FM

Este es el cordero de Dios

Estamos en el país del sagrado corazón. Un lugar aparentemente seguro y sin mucha complicación.

Resulta que en el 2018 Juan Pablo Barrientos, periodista colombiano, realizó una investigación sobre casos de pederastia en Antioquia, encontrando así historias impresionantes y tomando la decisión de escribir un libro: “Dejad que los niños vengan a mí”, el cual fue publicado el 23 de septiembre del 2019, y relata los casos de abuso sexual en niños que han sido provocados por algunos miembros de la iglesia en el departamento.

Cuando el libro fue publicado muchos sacerdotes decidieron poner tutelas debido a que “lo que se contaba no era verdad” y “ensuciaba a la iglesia católica”, llegando así a causar controversia; también, pidieron que la editorial que publicaba el libro detuviera su producción y comercialización. Tiempo después se conoció que Juan Pablo Barrientos ganó la tutela y su libro siguió distribuyéndose.

Para mí fue impresionante esta noticia porque era el primer caso de “censura” que estaba conociendo en el país, y no hablo de esta censura en donde el libro enseña cosas malas y va a provocar catástrofes, sino una censura por miedo a que saliera a la luz una realidad innegable.

Los años pasaron y el periodista continuó con más investigaciones en el país; esta vez encontró una historia de un niño abusado sexualmente por treinta y ocho sacerdotes de la Arquidiócesis de Villavicencio, de ahí decidió escribir su otra obra titulada “Este es el cordero de Dios” publicada en agosto del presente año. ¿Qué fue lo que sucedió?, pues lo mismo que pasó en el 2019. Juan Pablo Barrientos recibió siete tutelas impuestas por diferentes sacerdotes de la ciudad de Villavicencio, en donde, claramente, la historia se repite.

Me parece impresionante que estando en el siglo en el que estamos, la iglesia católica continúe censurando libros; esto me traslada de inmediato a la edad media, en donde no se podía decir absolutamente nada. ¿Qué más quieren hacer?, ¿van a quemar estos libros? Y créanme que, si pudieran hacerlo, lo harían.

Las situaciones que el autor explica en sus dos obras son historias que evidentemente han tenido que ser contadas para que no se repitan, sobre todo en la población infantil. Ya sabemos todos los delitos que la iglesia ha cometido durante muchos años, sin embargo, ellos insisten en querer esconderlos como si nosotros no supiéramos.

Es indignante y frustrante que a estas alturas ya no se pueda hablar de nada en este país sin el temor de ser censurado o silenciado de otra forma. Aplaudo la investigación de Juan Pablo y considero que sus obras también deberían ser tomadas en consideración para encontrar a los responsables de estos hechos. No queremos que más casos aberrantes como este se sigan repitiendo cada vez con más frialdad. ¿No se supone que uno debería sentirse seguro con estos seres que son puros y castos? Al parecer no.

Mientras tanto, apoyo el hecho de comprar estos libros y conocer un poco más de cerca lo que pasa en este país tan católico. No se puede permitir que estas historias queden en el olvido y mucho menos que una institución que siempre ha tenido el poder quiera más.