Esta es una de las consignas que repetidamente les escuchamos pronunciar a los movimientos y a las mujeres que luchan contra la violencia sexual a menores de edad; pero algunas personas simplemente aún son sordas a ella, cerradas en su entendimiento, en su crueldad. Y aplica tanto para aquellas que ejecutan los hechos, no comprenden su gravedad o, peor aún, los legitiman.

Esto último fue lo que hace pocos días hizo el concejal de Pasto William Orlando Urbano en una entrevista para Séptimo Día, donde le preguntaron por el caso de su hermano, Javier Urbano, quien es acusado de violentar sexualmente, desde los seis años de edad, a su hija biológica, que a la vez tuvo una hija producto de la violencia a la cual fue sometida durante varios años.

El concejal manifestó, cuando el programa le preguntó sobre el caso, “No es nada del otro mundo” y “Es cuento viejo”, razón por la cual muchos televidentes y demás colombianos se indignaron, pues sus palabras justifican, normalizan y naturalizan el hecho, constituyendo este acto una violencia más para la víctima.

Después de que se le pidiera al concejal retractarse de sus afirmaciones, él, por medio de un comunicado, el día 21 de octubre, mencionó: «Adicionalmente expresé sin ninguna intención de ofender, que eso no es nada del otro mundo, en el entendido que en Colombia la impunidad brilla con luz propia. Según cifras 2021 de ICBF, a nivel Nacional tenemos más de 7000 niños abusados» y «Esta es una realidad de impunidad, que no podemos ocultar y que pasa con naturalidad. Frente a la afirmación Eso es cuento viejo, me refería a que por el delito cometido existe un proceso judicial por lo cual hubo una condena y el victimario está pagando por su crimen».

Sin embargo, estas afirmaciones pueden parecerles a muchos una salida rápida, dada la presión que se estaba ejerciendo desde el exterior debido a que algunos usuarios de redes sociales, al conocer el caso, pidieron la renuncia inmediata del concejal, pues ¿cómo es posible que aquellos que deben luchar por el bienestar del pueblo colombiano, incluidas las mujeres, se expresen así de una realidad sistemática, dolorosa y reprochable?

El comunicado presenta lo dicho como un “malentendido”: las palabras de William Urbano fueron malinterpretadas, dado que él quería decir otra cosa. Pero la verdad es que sus enunciados tan escuetos constituyen un mensaje muy claro, las palabras elegidas, “No es nada del otro mundo”, expresan conformidad con esa realidad, no indignación, que es lo que se esperaría.

Aceptar de tal manera la impunidad (tema al que el concejal “verdaderamente” se refería), nos lleva a un país que convive de buen grado con la injusticia, que acepta que los políticos roban, que los hombres violan, que las mujeres mueren por ser mujeres, que las niñas pueden ser abusadas por sus familiares… “Verdades tácitas” que no son más que imaginarios que legitiman la reproducción de un orden social enfermo. “No es nada del otro mundo” es igual a decir “Son cosas que pasan, qué le vamos a hacer”, y nuestra respuesta, sea frente al hecho o a la ausencia de reparación —que era lo que Ana Lucía Urbano, la mujer afectada, denunciaba en el programa donde se hicieron las declaraciones—, nunca debería ser pasiva, tanto si sucede a otros como a un miembro de nuestra familia.

Por último, otro de los argumentos que da el concejal para suavizar sus palabras es: «Agradezco al Pueblo Nariñense, por permitirme aclarar este momento, valoro el papel de la valiente mujer, quien de manera mayoritaria conforma mi equipo de trabajo; con mucho orgullo admiro su lucha por una sociedad más justa, equitativa y transformadora». Pero, vale preguntarse, ¿habrá en realidad alguna relación entre sus afirmaciones y el hecho de que su equipo de trabajo esté conformado mayoritariamente por mujeres? ¿O lo que se quiere trasmitir es ‘Yo trabajo con mujeres, por lo tanto, solo por eso, puedo decir que las apoyo y no las revictimizo’? Mas, así no se crea, la misoginia y el machismo no comen de ese cuento, se manifiestan siempre en las oraciones más sencillas aunque luego toque emplear enunciados más complejos para excusarse e intentar, quizás sin mucho éxito, redimirse.