Se sabe que actualmente hay carreras profesionales reconocidas, en muchas ocasiones los aspirantes las eligen por vocación, gusto o incluso dinero, sin embargo, hay otras carreras muy laboriosas y dignas de admirar. Estas carreras que actualmente no son muy mencionadas, pero que de hecho existen y son indispensables.

El pasado 25 de octubre se celebró el día del instrumentador quirúrgico en Colombia. Resulta que esta es una profesión muy poco conocida, pero absolutamente necesaria en una sala de cirugía. Si bien es cierto que un equipo quirúrgico está compuesto por cirujanos, enfermeras, anestesiólogos e incluso practicantes, pocas veces se reconoce a esa persona que es la mano derecha del cirujano y que habitualmente nada podría funcionar si no es por su labor y su ayuda.

La instrumentación quirúrgica es fascinante, de eso no hay duda, pero es una profesión muy dispendiosa, exigente, amable y satisfactoria a la vez. En muchas ocasiones el cansancio es extremo, el “corre, corre” de todos los días puede ser agotador, aunque no hay mayor satisfacción para ellos que ver que la cirugía sale bien y el paciente se va a recuperar, y más allá de la remuneración salarial (que en ocasiones tampoco es suficiente), existe una sensación de alivio por cada acción realizada.

Los instrumentadores son como esas hormiguitas trabajadoras, dedicadas y líderes; de repente, cuando entran en una sala de cirugía, todo su mundo se convierte y sacan a relucir su brillo más genuino y su astucia más profunda. Son como pulpos en el mar, y es que cada uno de sus tentáculos es fundamental para que el paciente reciba la ayuda correcta. No importa si hay cansancio, si hay fatiga, si hay problemas, el instrumentador siempre está comprometido con su vocación y con esas ganas de ayudar al otro. Denigrar sería decir que solo son unos “pasa pinzas”, cuando la realidad es que no, ellos son mucho más que eso: dedicados, comprometidos, amables, sobre todo porque el paciente es el primero en verlos y el instrumentador es el  primero en quien confían.

No importan las 16 o 18 horas que deban pasar de pie sin descansar, no importa el sudor recorriendo su espalda o el hambre que los invada, siempre están ahí; no hay lealtad más linda que la de ellos. Eso sí, tienen una velocidad impresionante y unos reflejos envidiables, y más que considerarlo una profesión, debería considerarse un arte. Y es que ¿cuándo se ha escuchado a alguien decir “Gracias al instrumentador por lo que hizo hoy”? Usualmente ese crédito se lo lleva el cirujano o la enfermera acompañante, y no digo que no esté bien, solo que el instrumentador es esa ayuda indispensable pero invisible, y que, aunque a veces esto sea cotidiano, muy pocas personas logran reconocer esta labor.

¡Y se me olvidaba!, después de los cirujanos, los instrumentadores también conocen todo el proceso que se hace en cada cirugía, sea cual sea, porque ellos deben estar atentos a lo que va a hacer el médico. ¿No es impresionante esa memoria que se gastan estas personas? Yo estoy fascinada.  Y es que instrumentadores no solo encontramos en las salas de cirugía, sino también en la central de esterilización, en donde todo el material médico llega y debe ser coordinado para que el hospital pueda funcionar adecuadamente, sin esto, fallarían muchas cosas. ¿Acaso después de toda esta descripción no sería justo que reconocieran más la profesión? No solo salarialmente, sino en términos generales, porque incluso hay otros trabajos en donde se va a dormir, pero el sueldo es como de 20 millones o más. Es un momento para reflexionar.

Es por esto que hoy digo ¡Gracias!, por su compromiso, entrega, voluntad y labor tan magnífica que hacen día a día, incluso a veces sacrificando fines de semana o fechas importantes. Y a usted, que está leyendo esto, si en algún momento debe pasar por esos lugares, no se le olvide también agradecerle al instrumentador, vea que es una profesión invisibilizada pero indispensable, y le aseguro que lo sorprenderá porque muy pocos lo hacen.