La migración es un fenómeno que vivimos a diario. En los últimos tiempos, sobre todo por temas económicos, se han visto movimientos migratorios bastante fuertes. En el año 2020, según la IOM (Organización Internacional para las Migraciones) esta es de 281 millones, lo que es equivalente al 3,6 % de la población mundial. Y todo fuera más llevadero si esto se diera de manera segura y en condiciones humanas, pero la realidad es que vemos personas que pierden la vida tratando de pasar de una frontera a otra.

No siendo esto suficiente, terminan siendo víctimas de xenofobia, porque claro “el suplicio de un papel lo ha convertido en fugitivo”, dice el cantante Ricardo Arjona. Sin embargo, más que un papel, la cuestión termina siendo de dinero, de tener dinero serían recibidos como reyes y, claro, se justificaría su estadía argumentando que ayudarán a la economía.

Lo más increíble es que países como Colombia entran en esa práctica de la discriminación, cuando también muchos colombianos han migrado o quieren migrar. El fenómeno se camufla en temas como “se llevarán los recursos que tenemos, aquí no cabe más gente, no queremos el chavismo en nuestro país” y otras series de elementos que se involucran en este tipo de lenguaje.

El mundo entero habla de globalización, pero solo si aplica en temas como la internet y los negocios, la política, los deportes, entre otros; no obstante, cuando se habla de migración, ya no les parece tan atractivo el tema.

Nadie sale de su país porque quiere, todos salen por una necesidad. No creo que una persona quiera estar indocumentada en un país que no conoce, al cual no le puede exigir nada, y recibir malos tratos y señalamientos, lejos de su cultura, gastronomía, familia y todo lo que encierra la tierra en la que nacimos.