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Las redes sociales nos permiten tener conocimiento de lo que pasa en distintas partes del mundo, como es el caso de la visita de Iván Duque al muro de los lamentos, lo cual ha sido motivo de burlas e incluso de fuertes críticas.

Como hemos visto, el presidente tiene clara su agenda pública, pero no sus funciones y mucho menos sus prioridades. Resulta inquietante verlo viajar por el mundo mientras ignora las problemáticas tan complejas del país; un claro ejemplo de ello, las familias de San Andrés que siguen a la espera de la reconstrucción de sus hogares o, tan siquiera, un lugar digno en donde vivir.

El colombiano por naturaleza tiende a ser decidido y actuar como lo crea conveniente, algunos contemplando las consecuencias de sus acciones, otros no, pero la gran mayoría tiene claro que arrepentirse después no traerá ninguna solución. Sin embargo, este señor no ha hecho más que victimizarse, excusarse e incluso evadir sus responsabilidades: no olvidemos los asesinatos del paro nacional, los heridos dentro de dichas manifestaciones, las violaciones de los derechos humanos, “inexistentes”, según él.

De qué sirve lamentarse cuando al día siguiente actúas con la misma cobardía de siempre, cuando en lugar de aceptar tus errores simplemente haces como si no existieran, cuando todo lo que sale de tu boca puede ser puesto en tela de juicio porque constantemente palabras y acciones no tienen coherencia alguna; creo que es evidente la respuesta, llorar sobre la leche derramada no sirve de absolutamente nada.

Pero sería interesante ver al “jefe de Estado” hablando con las familias de las víctimas del conflicto armado, las madres de los falsos positivos o cualquier otro que no esté dentro de su círculo social, porque son los únicos existentes, al parecer. Aunque las imágenes muestran a alguien “arrepentido”, sus acciones demuestran todo lo contrario, y mientras él se lamenta frente a un muro, nosotros lamentamos tener a un personaje de tal calibre encabezando esta tierra dolida llamada Colombia.