Las elecciones legislativas, llevadas a cabo el 13 de marzo, dejaron varios temas para reflexionar. Uno de ellos es la falta de pedagogía que se vivió en la jornada electoral: ciudadanos que no sabían cómo votar y otros que no sabían ni para qué eran las elecciones. En uno de los puestos de votación del barrio Marruecos, en la ciudad de Bogotá, un ciudadano le dijo al grupo de jurado: «No entiendo nada de esto, necesito que me expliquen, sé que me toca votar, pero no sé por qué».

La falta de capacitación a los jurados fue otra de las inconsistencias que hicieron parte de los problemas. Hubo mesas de votación en donde ningún jurado había tenido experiencia previa —y aquí es cuando uno cuestiona el trabajo de la Registraduría Nacional y la logística tan nefasta que hubo a la hora de las inducciones—, además de formularios por llenar repletos de logos y partidos, que no se entendían, pero que igual había que diligenciar.

Tantos tarjetones que ni el jurado y menos los ciudadanos sabían qué hacer con ellos; papeles que leían y no entendían; la letra era tan pequeña que no encontraban el número del candidato; personas que usaron ese mismo papel para escribir que todos eran unos corruptos, pues el papel que aparentemente da derecho a elegir, también da derecho al desahogo. La falta de pedagogía fue el elemento principal en las mesas, lo que demuestra una vez más que nuestro país necesita más educación y menos tarjetones.

Por: Eliana Rivera Moreno