¿Alguna vez ha pensado en la muerte? ¿Le teme a todo aquello en lo que nos convierte la vejez? Si usted es un amante del cine y no tiene tapujos frente al ojo crítico, arriesga criterios y principios, le invito a que vea el último film del guionista y director argentino Gaspar Noé, Vórtice (2021), quien nos entrega una nueva obra maravillosa desde su perspectiva de hacer cine.

El cine de Gaspar Noé siempre ha sido objeto de miradas; su atrevida forma de narrar, sus planos poco esperados y sus desenlaces trágicos son algunos de los detalles que lo hacen único. Hay algo en el cine de Gaspar que lo pone por encima de muchos otros. Él se arriesga a proponer reflexiones realistas para el espectador, no escatima en escenas que pueden lindar entre lo grotesco o escandaloso.

Se sabe que lo descalificaron en el concurso de cortometrajes pornográficos para la prevención del SIDA en Francia por haber usado un osito de peluche como parte de la escenografía. Este es uno de los detalles de su producción audiovisual que no deja de sorprender.

Desde el film Irreversible (2002), cuando lo conocí por primera vez, me enfrenté con una de las escenas del cine más controversiales: una violación en primer plano. Ahí supe que este cine enfrenta al espectador, lo reta a debatirse sobre el gran dilema de si es válido o no tal realismo.

Vórtice (2021) nos trae una propuesta respecto a la muerte y a la vejez. Narra la historia de una mujer y su esposo que llevan una vida normal de ancianos acompañándose con amor, hasta que un día ella empieza a decaer en la enfermedad del Alzheimer.

De ahí se desenlaza una tensión que se percibe minuto a minuto en el rostro preocupado de Françoise Lebrun, quien nos entrega una actuación de suspenso y angustia. Junto a ella está el famoso director italiano Darío Argento, que, como joya en pulsera, desarrolla el papel de un esposo frustrado por la enfermedad de su esposa y el desdén de un viejo amor ya no correspondido.

«La vida es un sueño dentro de otro sueño…», le dice el Padre (Darío Argento) en la primera escena, introduciéndonos a pensar que solo somos un suspiro que se evapora en el tejido del viento. Hundidos en la desesperación del «luto» al ver morir lo que era de ellos, dejan, como memoria traumática, su vida suspendida, sin avance, estancada y deteriorándose como el cuerpo mismo.

No se puede perder este diamante del cine, ni mucho menos observar otras películas del mismo director, que muy recomendado por su servidor, les dice con seguridad que Gaspar Noé es una bendición para el séptimo arte. Sin más que decir, vaya, déjese cautivar y no se olvide de llevar su estómago fuerte, ya que «al final, el film demuestra que somos atraídos, como en un vórtice al centro del caos, a una rendición del espíritu que vencido vuelve a los vicios y no a las virtudes».