Cuando hablamos de placer, no cabe duda de que los seres humanos se las ingenian para saber cómo innovar cualquier práctica íntima que los haga sentir más allá de sus sentidos. Esto no parece tener límites, y lo que para nuestros padres o abuelos eran aberraciones, hoy día son la forma más entretenida para una juventud promedio en lo que respecta a su educación sexual.

No existe nada imposible cuando se trata de placer, y la directora y activista Ninja Thyber, nos trae un filme donde desafía la postura que deberíamos tener ante la pornografía que se consume, pues no todo es color de rosa.

Placer de tener sexo, placer de ser observados, placer de conseguir dinero y fama, placer, de comer, de beber, de privilegio, necesitamos placer en cada cosa que nos rodea, de no ser así la vida perdería un toque de felicidad. Pero ¡hasta dónde puede llegar alguien para conseguirlo! Bella Cherry (Sofia Kappel) es una joven sueca dispuesta a todo con tal de ser la próxima estrella porno.

Se somete a todo tipo de escenas, puesto que se entera de que para ser la gran estrella que quiere llegar a ser, debe tener un gran recorrido y no solo basta con ser una joven virginal recién llegada al mundo de la pornografía en Los Ángeles. Se miente para aceptar el hecho de hacer cosas que rompen sus deseos y la llevan al desespero, dejando en el olvido el sueño de ser una estrella porno.

Pleasure (2021) trae a debate el detrás de cámara en la industria del porno, convirtiéndose en una puesta en escena que denuncia y alarma. Dejarse de masturbaciones no es solo evitar el hecho del placer que se puede sentir mediante el voyerismo, es más una ética frente a este tipo de contenido que maneja un bajo perfil, haciéndonos ignorar todo lo desagradable de este.

En esta película, olvídese del placer, no se deje guiar por todo aquello que su instinto le guie y empiece a reflexionar que del fenómeno llamado pornografía, no pueden escapar hombres ni mujeres. Esto rompe la influencia del género; aquí se pone el placer, el dinero, la fama y el prestigio como cúspide irónica del vivir humano.

Es por eso por lo que invito a que nos dejemos de masturbaciones, no alabemos más la industria, reaccionemos a lo que ven nuestros contemporáneos, y planteemos el dilema moral que se esconde tras toda esta producción audiovisual que, lejos de llamarse cine, solo produce grandes efectos en esta sociedad del espectáculo.