Muchas mujeres tienen horarios laborales muy extensos, y adicional a ello, deben llegar a su hogar y continuar trabajando, me refiero a las tareas del hogar, porque sí, estas actividades sí tienen género y no es porque las mujeres quieran que sea así, es porque esto se ha impuesto desde miles y miles de años atrás.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en un boletín del 2021 que abarca de mayo a agosto, las mujeres trabajan 6 horas más que los hombres, y estas no son remuneradas, dado que, son horas que se “invierten” dentro del hogar. Según el Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) los trabajos de servicio doméstico y de cuidado no remunerado para otros hogares y para la comunidad son calificados como Trabajo no Comprendido en el SCN, es decir, todas aquellas actividades que se ejercen dentro del hogar.

La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), realizó una encuesta de participación en actividades de trabajo no remunerado en varias ciudades y corregimientos del país a hombres y mujeres, con resultados que no dejan de sorprender, por ejemplo, en Bogotá entre el 2016 y 2017 el 87.8% de mujeres encuestadas participan en estas actividades mientras que solo el 65.9% de hombres lo hace, y para el 2020 – 2021 el 89.3% de mujeres participa en estas actividades y solo el 70% de hombres lo hace.

Y a que voy con esto. Las mujeres trabajan más, tienen menos tiempo para ellas y nada de esto cambia, muchos hombres de hogares colombianos, al llegar de su trabajo se quitan sus zapatos y se tiran en la cama a ver televisión, esperando a que se sirva la comida, mientras que una mujer llega a cocinar, lavar, cuidar hijos, servir comida, entre otras actividades que todos los seres humanos pueden realizar.

La frase más coloquial y machista “¿a qué toca ayudarle mamá?” como si la casa no fuera de todos y para todos, ¿ayudar? No se trata de ayudar, se trata de responsabilizarse, es injusto que una mujer que trabaja las mismas horas que un hombre en una oficina deba esforzarse más en su hogar esperando a que algún hombre de su casa se levante a efectuar alguna actividad de estas.

Ser mujer es como si fuera un sinónimo de ser sirvienta. Muchos hombres prefieren esperar a que el plato llegue a su mano que alcanzarlo, sin contar, que en ocasiones los hombres se escudan diciendo “es que yo traigo la plata al hogar” sin tener en cuenta que la mujer, aparte de trabajar de manera formal, también lo hace en su hogar.

Los hombres deberían ser más consientes e independientes, no pueden esperar a que su mamá, esposa o hija siempre haga todo en el hogar, como si ellos no tuvieran ningún tipo de responsabilidad. Todos los seres humanos somos funcionales y para barrer, trapear y cocinar no se necesita ser mujer, se necesita ser responsable, los oficios del hogar no rompen ni dañan la masculinidad.