Cuando se rescata un animal abandonado se cambia una vida. Es un acto ético y amoroso que refleja la empatía que los seres humanos tienen con los animales, pues son seres sensibles que, como las personas, necesitan compañía, cuidado, cariño, entre otras cosas.

En Colombia, un país donde abandonar o maltratar un animal doméstico es algo normalizado por los ciudadanos, existe una ley que sanciona esos actos, la ley 1774 del 6 de enero de 2016. Dicha ley impone una multa de 50 a 60 salarios mínimos a quienes cometan este tipo de actos.

Si se identifica que una persona atentó contra la vida de un animal causándole lesiones graves o la muerte, el agresor tendrá que pagar entre 12 a 36 meses de cárcel y quedará inhabilitado para ejercer cualquier profesión relacionada con animales. Así mismo, las sanciones pueden ser más extensas si se comprueba maltrato en un sitio público, si en el acto hay algún menor de edad presente; si se comente un acto sexual en contra del animal o si un servidor público ejerce dicho maltrato.

A pesar de que esta ley existe, según el Grupo de Enlace de Urgencias Veterinarias y Maltrato Animal del IDPYBA, para el 2020 se denunciaron 29.419 sucesos relacionados con maltrato animal, además, en 2019 el Escuadrón Anti-crueldad realizó 1.068 visitas para verificar las condiciones de bienestar de los animales, 611 visitas fueron fallidas. Igualmente, se realizaron 117 visitas a animales de granja y 43 fueron fallidas.

De allí se calcularon los porcentajes por tipo de maltrato. El 41% fue por negligencia, el 34% por abandono, 15% por maltrato, 5% por abuso sexual y 5% por sobreexplotación. Aunque el distrito realice seguimientos para conocer cómo viven los animales, un sinfín de ellos viven en condiciones deplorables. Los criaderos son los que más maltrato producen y apoyar comprándoles solo contribuye a patrocinar la crueldad.

Por otro lado, de qué sirve tener una mascota si al llegar a casa solo pensamos en golpearla por los  daños que produce cuando está sola.

Existen muchas fundaciones que rescatan animales de la calle, pero las personas que abandonan animales abusan, creen que pueden ir y dejar a su mascota allí diciendo cosas como: “ya no lo quiero”, “es que es muy bravo”, “es destructor”, “se orina en las camas”, entre otras excusas absurdas y sin argumentos. Estas personas llenan cada día más a estas fundaciones de animales que tenían un hogar, pero la verdad es que simplemente se aburrieron de sus mascotas. Lo cual es problemático porque generan más gasto a las fundaciones, por la comida u otros artículos necesarios para el cuidado.

Hay millones de casos en los que un animal es comprado solo por lujo, por moda, sin tener en cuenta el trasfondo de ello. Jacob es un perro siberiano que fue comprado cuando tenía dos o tres meses por $500.000 pesos colombianos, cachorro era demasiado adorable, pero su ama lo dejaba todo el día solo en casa y al llegar en la noche él había dañado muchas cosas. Jacob fue golpeado por ella sin comprender que él no quería hacer estos daños, él quería jugar. Un cachorro en crecimiento necesita socializar. Ahora tiene un año y su ama lo está vendiendo por $300.000 pesos colombianos porque ya no lo soporta. Él se volvió agresivo por todos estos maltratos, pero no es su culpa porque solo quería jugar.

Como este hay más perros y gatos que viven en la misma situación. Tener una mascota es como tener un hijo: necesita atención, alimentos necesarios, entre otras cosas. Por esa razón, es necesario mantener una estabilidad económica para poder sostener las necesidades de una mascota. Los animales son amor puro, y aunque sé que muchas personas se pueden identificar con la inconformidad que denoto aquí, hay que ser consciente que tener un perro no es un lujo, sino un acto de amor y responsabilidad. No hay nada más lindo que dar y recibir cariño, y una mascota siempre amará por sobre todas las barreras y etiquetas.